10 jun. 2018

"Nunca Te Olvidé" (Supercorp) Capítulo 7


CAPÍTULO 7: PENSAMIENTOS
Overgirl posó los pies sobre el suelo y liberó a Vasquez, que se llevó las manos al cuello, tosiendo y respirando con dificultad. Edge dio orden al soldado nazi que quedaba de que la esposara y la metiera en uno de los vehículos.
―¿Estás bien, querida? ―preguntó Edge cogiéndola por los hombros.
―Sí… gracias a ella ―dijo sin fuerza, sin apartar los ojos de Overgirl, cuya mirada permanecía oscurecida.
―Esas malditas ratas rebeldes… ―maldijo Edge―, así que ahora lanzan ataques directos en la capital.
Eve y los Luthor habían presenciado todo desde la puerta de la mansión y se habían acercado en cuanto los disparos habían dejado de escucharse, preocupados por el estado de Lena. Edge aprovechó que ya no estaba sola para acercarse a Overgirl.
―¿Por qué no me protegió a mí primero?, incumplió sus órdenes ―acusó Edge.
―Lo lamento, capitán, tomé la decisión que creí más adecuada ―se justificó Overgirl. Edge estrechó los ojos―. Por la posición en que se encontraba cada uno de nosotros, supe que la señorita Luthor tenía muchas menos probabilidades que usted de sobrevivir a la ráfaga de balas, ya que usted tenía uno de los coches blindados delante, mientras que ella estaba totalmente expuesta al ataque, y ya que es su prometida, pensé que la querría a salvo.
―De acuerdo… es un buen razonamiento ―admitió Edge―, y refuerza mi decisión de mantenerla aquí en Berlín, a fin de cuentas, el emperador, Lord y yo somos los hombres más importantes del régimen y del mundo, ¿y quién mejor que Overgirl para protegernos? ―añadió con una sonrisa que Overgirl le devolvió sin ningún entusiasmo.
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Gayle observaba el rostro tranquilo de Imra mientras ésta dormía a su lado. Aquella universitaria noruega era la mujer más hermosa que había conocido y compartir la cama con ella, de las mejores experiencias de su vida. Estiró el brazo y posó suavemente la yema de uno de sus dedos sobre la frente de Imra, entonces comenzó a moverlo despacio, recorriendo su bello perfil. 
―Qué suerte que eligieras estudiar en Berlín ―musitó.
Imra sonrió, todavía con los ojos cerrados y Gayle apartó de inmediato la mano. La morena se giró y abrió los ojos para poder mirarla.
―Qué suerte que necesitaras compensar el aburrimiento de tu trabajo ―replicó Imra, haciendo sonreír a Gayle.
―Tengo que irme, no puedo llegar tarde a mi puesto ―anunció Gayle, después le dio un beso en los labios y se incorporó en su lado de la cama, buscando su ropa.
Imra frunció el ceño, no quería que se marchase.
―¿Por qué no desayunamos juntas? ―sugirió de pronto. Gayle se volvió para mirarla―, no tengo muchas cosas que ofrecerte, pero… si te vale con unas tostadas y un café…
―Me vale ―dijo Gayle con una sonrisa.
―¡Genial! ―exclamó Imra que salió de la cama rápidamente para preparar las cosas.
―Pero tápate un poco, por favor, o me darás hambre de otra cosa ―admitió Gayle haciendo que Imra se sonrojase un poco y se envolviera con la sábana.
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Llevaba varias horas tumbada en su cama y no conseguía dormirse. Había mentido a su capitán porque se sentía incapaz de justificar su comportamiento. No había protegido a Lena Luthor tras evaluar la situación, lo había hecho sin pensar en nada, de manera automática, como si aquella mujer fuera lo único que importase en aquel momento. Su mente la llevó de nuevo allí. Volvió a sentir los suaves roces de las balas que no le hacían ningún daño pero que habrían matado en segundos a la mujer que tenía entre sus brazos. Sí, la tuvo entre sus brazos, pegada a su cuerpo, y aquello la alteró aún más que cuando sólo la miraba o la imaginaba. ¿Por qué Lena Luthor la hacía sentir así?, ¿qué tenía su mirada de ojos claros de color ligeramente diferente? La había tenido tan cerca, que había podido reconocer perfectamente esa sutil diferencia que hacía sus ojos todavía más hermosos. Apretó los dientes con fuerza. Por suerte, los rebeldes la ayudaron a calmarse, pero, ¿qué pasaría si volvía a sentirse de esa forma y no podía quemar la rabia con ningún enemigo? La otra manera de calmarse era inaceptable.
«Besarla… », pensó, y de inmediato se llevó los puños a la frente y se revolvió en la cama. Aquello tenía que terminar.

Lena tampoco podía conciliar el sueño. Podía haber muerto, y a manos de algunos de sus compañeros de causa. Pero lo que más le había afectado, había sido el inesperado gesto de Overgirl. Durante un instante, cuando sus cuerpos estaban unidos, cuando podía sentir sus fuertes brazos protegiéndola, su mirada azul parecía menos fría, como si mostrase preocupación genuina por su bienestar.
«O quizá sólo era lo que deseaba ver y mi mente me engañó», se dijo a sí misma. Tampoco podía olvidar la terrible violencia con que Overgirl había asesinado a todas aquellas personas. No, nada había cambiado, y debía asumirlo cuanto antes. Pero era tan fácil dejarse llevar por aquella sensación cálida y familiar que sintió al tenerla tan cerca.
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Al día siguiente, las noticias llegaron al DEO.
―¡Mierda, Vasquez actuó por su cuenta! ―exclamó Winn.
―¿Qué ha pasado? ―preguntó Sam inquieta.
―Edge y Lord han sido atacados en la puerta de la mansión Luthor, Lena estaba con ellos ―concretó Alex.
―¡¿Lena está bien?! ―inquirió Sam con preocupación.
―Sí… ―dijo Alex con cara de desconcierto. Sam sintió un inmenso alivio― Overgirl le salvó la vida ―añadió Alex.
―¿Qué? ―susurró Sam desconcertada.
―Overgirl actuó de escudo para Lena ―señaló Winn.
―No perdáis de vista la realidad ―sugirió Sam―, Overgirl sólo cumplía órdenes. Su deber es proteger a las personalidades del régimen.
―Es cierto, pero… allí también estaban Edge y Lord, y sin embargo, Overgirl protegió primero a Lena ―señaló Maggie― Eve nos ha informado, lo presenció todo desde la entrada de la casa y me ha dicho que Lena está de camino.
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Cuando Lena llegó al DEO, Sam no podía ocultar su frustración por no haber podido protegerla ella misma.
―Como si no bastase con los malditos nazis, incluso corres peligro por causa de algunos de los nuestros ―exclamó Sam muy molesta.
―Sé que mi posición no es precisamente segura, Sam, pero me hago cargo de eso.
―¿Y qué va a pasar con Vasquez? ―dijo Maggie bastante inquieta―, ella nos conoce a todos, y sabe dónde nos escondemos, si la hacen hablar…
Maggie conocía de primera mano la traición de alguien a quien quería y en quien confiaba ciegamente, y el miedo se apoderó de ella.
―A pesar de que no coincidíamos en los métodos a emplear, Vasquez es una persona íntegra, no nos delatará ―afirmó Alex.
―El problema no es su honor, Alex, sino los medios que utilicen para interrogarla ―dijo Winn con seriedad.

―Imagino que la encargada de ese trabajo será la teniente Marsh ―intervino Lena de pronto―, eso me pareció la última vez que estuve en el cuartel militar nazi, el tipo interrogado estaba totalmente roto e incluso trató de acusarme de estar en el “Wired”.
―¿Qué? ―exclamó Sam―, ¿por qué no nos habías contado eso?
―No quería preocuparos, al final quedó en nada, la propia Marsh lo ridiculizó y no quiso insistir en el tema… ―Lena se quedó absorta.
―¿En qué estás pensando, Lena? ―dijo Maggie.
―Esa mujer me desconcierta… es teniente de las SS, tiene poderes, aunque todavía los desconozcamos, y, sin embargo, se comporta como si pensase por sí misma, su forma de expresarse y de mirar… es tan extraño ―explicó la joven Luthor.
―Pero eso no puede ser ―señaló Alex―, si tiene poderes se debe a que sufrió la experimentación genética que practica Maxwell Lord, y de ser así, tuvo que padecer lo mismo que Sam y Kara.
―A menos que estuviera encantada con la idea de trabajar para los nazis ―indicó Sam―. Quizá era ya una niña nazi y lograr esos poderes sólo ha reforzado sus propias creencias.
Sam no podía evitar pensar en negativo de todo y todos los que tuvieran algo que ver con el régimen nazi.

―Eso es posible, pero… si fuese tan fiel al régimen, ¿por qué no indagó más en las acusaciones de aquel tipo?, ¿por qué dejó escapar esa oportunidad? ―preguntó Alex, que tampoco entendía la contradicción que era Gayle Marsh.
―No la dejó escapar, prefirió sonsacarme a solas, como si tuviera planes al margen de su gente, eso es lo que me desconcierta ―admitió Lena mientras todos la observaban con total atención―, pero Edge y Lord interrumpieron su juego, y la verdad es que me sacaron del apuro.
―No sé lo que pasa con Psi, pero seguro que nada bueno para nosotros ―concluyó Sam.
―¿Habéis pensado alguna vez en la posibilidad de que alguno de los militares nazis lleve una doble vida como lo hacemos Alex y yo? ―sugirió Lena sorprendiendo a todos.

―No estarás pensando que Psi en realidad no es partidaria del régimen, ¿verdad?
―Lo que estoy pensando es que, mañana a primera hora, haré una visita al cuartel militar y hablaré con la teniente Marsh.
―¿Cómo? ―se asustó Sam.
―Tranquila, sé por dónde llevar la conversación, sólo quiero hablar con ella para tratar de conocerla un poco más.
―Si Vasquez nos delata, no te dejarán salir de allí, Lena ―advirtió Winn.
―Lo sé, por eso quiero hablar con Marsh antes de que la interrogue ―explicó Lena―, si no lo hago, estamos todos muertos, no tengo nada que perder.
―Y si todo esto sale bien, seguirás siendo la prometida de Morgan Edge… ―afirmó Sam, pues ya estaban al corriente de esto también.
―Me temo que sí ―admitió Lena.

―Parece que Edge confía en ti, Lena, eso es muy bueno, pero si pasas tanto tiempo con él y sus círculos, tendrás que esforzarte para que no sospechen de ti, intentar ser como ellos… y ojalá que puedas prolongar el compromiso el tiempo suficiente para que obtengamos la información que necesitamos, porque no me gustaría verte casada con ese monstruo ―dijo Maggie.
―Aunque me disguste, Maggie tiene razón ―admitió Winn―, lo mejor para acercarte a ellos sin levantar sospechas es que te conviertas en uno de ellos.
―Vas a tener que comportarte como ellos, Lena ―concretó Alex.
―Pero yo no… no puedo hacer eso.
―Tienes que intentarlo, Lena ―sentenció Sam―, créeme que me repugna pedírtelo, pero… si no logramos llegar hasta el final, todo el riesgo que estás corriendo habrá sido en vano.
―No tienes que meterte en la cama de Morgan Edge, jamás te pediríamos algo así ―dijo Alex.
―Aunque eso también nos reportase mucha información… ―murmuró Lena.
―¡Lena! ―exclamó Sam disgustada con la imagen que se formó en su mente.
―Sólo has de parecer tan… fría y detestable como ellos, para que Kara y los demás no sospechen de ti.

Lena no veía muy claro lo que le estaban pidiendo, porque no sabía si sería capaz de hacerlo, pero comprendía que era lo mejor para que su misión tuviera éxito. A partir de ahora, iba a pasar mucho más tiempo en compañía de Morgan Edge, Maxwell, Verónica y toda su calaña, y no debía llamar la atención. Sam se la llevó a otra habitación, necesitaba hablar con ella a solas.
―Bromeabas cuando dijiste que acostarte con Edge nos daría información, ¿verdad?
―Estoy segura de que a Edge se le iría la lengua en esas circunstancias…
―Pero no estás pensando en hacerlo, ¿no? ―Ante el silencio de la joven Luthor, Sam insistió―, ¡tú no eres una prostituta, Lena!
―No sería la primera ni la última mujer en utilizar sus recursos femeninos para obtener información de un hombre… ―Lena hablaba con la mirada perdida.
―¡Lena, ¿te estás escuchando?! ―Sam no daba crédito. Lena la miró y volvió en sí.

―Perdona, Sam… no entra en mis planes encamarme con ese desgraciado, es que… perdí los papeles, toda esta situación, lo que sucedió anoche… a veces me siento abrumada… no quiero comportarme como ellos, no quiero pasar más tiempo con ellos, no quiero que Edge me coja la mano ni me bese… ―confesó.
―Lena… sabes que no estás obligada a hacer esto ―decía Sam mientras apoyaba las manos en sus hombros―, todavía estás a tiempo de negarte.
―No, Sam… ésta es la única manera que tenemos de conseguir nuestros objetivos, están en juego muchísimas vidas y la libertad del mundo entero… no quiero ser la persona que lo malogre.
―Maldita sea, ¿por qué eres tan noble y tan valiente? ―Lena sonrió con tristeza―, si al menos pudiera estar contigo y protegerte de ellos mientras dure esto…
―Siempre estás conmigo, Sam ―aseguró Lena enmarcando su rostro con las manos, y después la besó, deseando que aquellas sensaciones pudieran mitigar el asco que sentiría cuando Edge volviera a besarla.
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A Sam le costó despedirse de Lena cuando ésta abandonó el DEO. Estaba harta de permanecer oculta. Quería salir a la calle, ayudar activamente a la Resistencia. Habló con Alex y Winn al respecto, sugiriendo la posibilidad de buscarle una identidad que le permitiera moverse por Berlín con libertad, como hacían Lena y Alex. Pero no aceptaron su propuesta, lo veían demasiado peligroso, y Sam abandonó el despacho con cara de pocos amigos.
―Sé que te gustaría poder salir ahí, Sam, formar parte de la acción ―dijo Maggie―, pero ya sabes que alguien podría reconocerte y utilizar contra ti lo que ya utilizaron, no queremos perderte sin motivo.
―Hay un motivo, proteger a Lena ―exclamó.
―Pero ella no querría eso, lo sabes ―señaló Maggie.
―¿Y qué pasa con lo que yo quiero? ―preguntó Sam―, quiero hacer algo más que estar escondida bajo tierra como una cobarde, esperando mientras otras se juegan la vida diariamente ―Sam notó cómo Maggie bajaba la mirada―. Y a ti te pasa lo mismo, ¿verdad?
―Sí… cada vez que Alex deja el DEO para volver al hospital de Berlín.
―Pero tú también estás en busca y captura… 
Ambas se sonrieron con resignación.
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Al día siguiente, Lena se presentó en las dependencias militares para hablar con Psi a primera hora.
―Esto sí que es una sorpresa, ¿qué quería hablar conmigo, señorita Luthor? ―preguntó Gayle interesada.
―¿Va a interrogar a la rebelde que dirigió el ataque contra mi prometido en la puerta de mi casa? ―replicó Lena.
―Así es, me corresponde esa labor.
―Me gustaría saber quién ordenó tal ataque, y que pague por lo que intentó ―afirmó Lena con un tono frío.
―Eso queremos todos.
―Quizá hasta sepa dónde se esconden los demás rebeldes… ―dejó caer Lena de manera casual mientras paseaba por la estancia―, ¿seguro que la hará hablar, teniente?, he oído que esos rebeldes son muy leales a los suyos. ―Gayle sonrió de lado.
―Nadie puede oponerse a mi voluntad, si yo quiero que hable, hablará ―aseguró, provocándole un escalofrío a Lena. Pero tomó aire y se centró en su misión.

―¿Y eso cómo es posible?, sé que si tiene el título de teniente no es como cualquier soldado normal, pero, ¿qué poderes posee que es capaz de imponer su voluntad a los demás?, suena de lo más potente.
«¿Qué está pasando aquí? ―se preguntó Gayle internamente―, Lena Luthor ha pasado de ignorarme a querer saber todo de mí en sólo unos días… Si no fuera una locura, pensaría que incluso está intentando flirtear conmigo», aquel pensamiento la hizo sonreír.
―¿Le hacen gracia mis preguntas? ―dijo Lena un poco molesta.
―Me hace gracia su cambio de actitud hacia todo lo militar y hacia mí ―comentó Gayle―, ¿tanto le ha influenciado Edge en sólo unas horas de compromiso?, no la tenía por el tipo de mujer que sigue a los hombres a ciegas.
―¿Acaso no es eso lo que se espera de todas nosotras? ―dijo Lena con ironía.
Se cansó de divagar, y probó con el argumento feminista, pues las palabras de Gayle le hicieron pensar que, tal vez, ambas tenían más en común de lo que podía parecer a simple vista.

―Así es el mundo en el que vivimos ahora ―afirmó Gayle, corroborando la creencia de Lena de que Gayle Marsh poseía libre pensamiento más allá del régimen, aquello era increíble, ¿cómo podía ser?― ¿Quiere saber qué poderes poseo, señorita Luthor?, deme su mano ―pidió Gayle ofreciéndole la suya.
―¿Qué? ―exclamó Lena frunciendo el ceño.
―No tenga miedo, no le haré daño, no soy tan estúpida como para dañar a la prometida del capitán, pero puede que se sienta un poco mareada.

El corazón de Lena se aceleró, fruto del miedo y de la inevitable curiosidad que sentía. Se recordó a sí misma que no tenía nada que perder y posó su mano sobre la de Gayle, que sonrió al sentirla. Psi activó sus poderes psíquicos y empezó a leer los pensamientos de Lena. Sintió su miedo ante lo desconocido, su intensa curiosidad científica… Tal como le había advertido, Lena empezó a marearse, pero Gayle la sujetó y siguió observando el interior de su mente. No pudo ocultar la sonrisa al percibir la manera en que Lena la veía, como a una igual, una mujer de pensamiento libre y feminista. Gayle estaba fascinada con lo que estaba aprendiendo de Lena Luthor, y quería ver más, así que mantuvo el contacto entre sus manos y le llegaron unas imágenes algo confusas de una chica rubia, unas hojas escritas, un beso… ¿Quién era esa chica?, ¿es que a Lena Luthor le gustaban las mujeres? Y entonces llegaron dos soldados nazis con Vasquez esposada, y Gayle soltó la mano de Lena rápidamente.

―Teniente, traemos a la prisionera para el interrogatorio.
―Muy bien, metedla en la habitación.
Lena se siente frustrada, había estado tan cerca de ganarse un poco a Gayle Marsh, pero el tiempo no parecía estar de su lado. Después miró a Vasquez.
«Por favor, Susan, no nos delates, no acabes con la rebelión», suplicó Lena en silencio.
Vasquez la miró de tal manera que Lena pensó que quizá había entendido su ruego. Entonces se volvió hacia Gayle.
―Teniente… ―Lena la cogió del brazo en un intento desesperado de detenerla― aparte de marearme, como me dijo, sigo sin conocer sus poderes.
―Yo, en cambio, ahora la conozco mejor, señorita Luthor, y tiene razón, nos parecemos mucho más de lo que cualquiera pudiera pensar.
―¿Qué insinúa, teniente? ―preguntó Lena con inquietud.
―Me gusta su forma de pensar, señorita Luthor… y su forma de sentir ―añadió con voz profunda que la hizo estremecerse.
Al fin lo había entendido. Los poderes de Psi eran mentales, de ahí su nombre. Gayle Marsh podía leer la mente de las personas, y acababa de leer la suya. De pronto sintió pánico, ¿qué había visto para decirle esas cosas? La rubia notó su intranquilidad.
―Si espera aquí, hablaremos cuando termine con el interrogatorio ―aseguró Gayle y se metió en la habitación donde la esperaban sus hombres con Vasquez.

Lena no sabía si reírse o llorar. ¿Había acertado con Gayle Marsh?, ¿una teniente de las SS que en el fondo no era fiel al régimen? Aquello era esperanzador. Pero, ¿y si Psi estaba jugando con ella?, ¿y si había visto a Kara en sus pensamientos, o a la Resistencia? A lo mejor acababa de descubrirla como traidora y pretendía apresarla en cuanto terminase de interrogar a Vasquez.  Si iban a detenerla, que no les resultase tan fácil. Decidió marcharse de allí. Sin embargo, no habían pasado ni dos minutos, cuando uno de los soldados que habían llegado con Vasquez pasó por su lado corriendo agitado. Lena pensó que iba a apresarla, pero el hombre pasó de largo. Al instante, el segundo soldado pasó también y Lena no se contuvo.

―¿Qué ha pasado?
―La teniente no pudo interrogarla, la prisionera se ha quitado la vida con algún tipo de veneno que llevaba escondido entre los dientes ―Lena escuchaba casi sin creérselo. Susan se había suicidado antes de arriesgarse a delatarlos, había muerto sin traicionar a la Resistencia―, lo lamento mucho, no hemos podido averiguar nada sobre el atentado contra su prometido, señorita Luthor ―se disculpó el soldado.
―Bueno, las cosas no siempre salen como uno quiere ―dijo Lena tratando de guardar la compostura.
Lamentaba la muerte de Vasquez y de sus compañeros, pero era mejor así para todos, porque la rebelión continuaba viva y el mundo todavía tenía esperanza de liberarse, si es que Psi no la había descubierto y ella era capaz de continuar con su misión de espionaje ahora convertida en la prometida de Morgan Edge. Pensó en él y en lo raro que resultaría no saludarlo habiendo visitado el cuartel militar.

Gayle buscó a Lena pero ya no la vio por allí.
«Y escapas otra vez de mí, empieza a resultarme molesta tu costumbre ―se dijo―. Sé que estabas en el “Wired” la otra noche, aquel tipo dijo la verdad. ¿La respetable Lena Luthor lleva una doble vida como yo?, interesante.»

Lena había retomado sus pasos por el pasillo, buscando el despacho de Edge, y al levantar la vista del suelo la vio. Overgirl estaba a pocos metros de ella. Lo sucedido en el ataque de Vasquez y sus hombres la impulsó a hablarle. 
―Buenos días, comandante Danvers ―saludó Lena.
―Buenos días, señorita Luthor ―correspondió Overgirl.
―¿No me vas a felicitar por mi compromiso con el capitán?
―Felicidades, señorita Luthor.
―Qué escueta ―señaló Lena―, esperaba algo más, no sé, que me llevo al mejor hombre de toda Alemania, que soy muy afortunada, que Morgan me hará muy feliz… ―Lena trataba de tirarle de la lengua, pero no parecía estar logrando nada.
―Disculpe, pero no estoy interesada en asuntos mundanos como los matrimonios ―replicó Overgirl con frialdad.
―Claro, a ti sólo te interesa la guerra, la violencia, la sangre… ―El discurso de Lena se tornó peligrosamente sincero y Overgirl estrechó sus ojos azules. La joven Luthor se dio cuenta enseguida de su descuido y dijo lo primero que cruzó su mente― Aunque no te interesen los matrimonios, supongo que sí te interesará la intimidad con alguien, tener… compañero ―Casi estuvo a punto de utilizar la palabra en femenino―. Dicen que Mon-El y tú estáis juntos.

De inmediato, los sucesos de su último encuentro con Mon-El regresaron a su mente, haciendo que cambiase su gesto frío por otro muy distinto que Lena no logró descifrar.
«¿Por qué ese cambio de expresión?», se preguntó internamente Lena. Pero Overgirl no tardó en recomponerse.
―Los rumores sobre mí tampoco me importan ―se limitó a decir―, que tenga un buen día, señorita Luthor ―dijo y le dio la espalda para marcharse.
―Espera… no he tenido ocasión de darte las gracias por salvarme la vida la otra noche.
―No me las dé, sólo hice lo que tenía que hacer ―respondió sin mirarla.
―Pensé que tu primera orden era proteger la vida del capitán Edge, no la de su prometida ―Overgirl se volvió hacia ella pero no dijo nada―. ¿Acaso ahora consideras prioritarias a las mujeres?
«¿Qué te contesto?, ¿que mi mente te consideró prioridad absoluta por encima de todo y ni yo misma sé por qué?», se preguntó Kara.

―Hice lo mejor dadas las circunstancias ―mintió―, el capitán Edge contaba con un margen de seguridad gracias a los coches blindados, usted habría muerto.
―En cualquier caso, te lo agradezco ―admitió Lena y le ofreció la mano.
―No necesita ser tan cortés, señorita Luthor, es mi trabajo.
«Quiero tocarte, no puedo evitarlo», se lamentó Lena.
―Creo que la educación es importante, comandante Danvers ―replicó Lena y le cogió la mano enguantada.
Overgirl miró sus manos unidas y después observó el rostro de la joven Luthor. No quería parecer incómoda, no quería que Lena pensase cosas extrañas de ella
«Debo soltarte la mano ya, pero este contacto es… agradable… no debería sentir eso, pero lo siento ―reflexionaba Overgirl―, tengo que evitar tus ojos… tus malditos y hermosos ojos… y tus labios… ¡joder!»
Kara se sobresaltó y soltó la mano de Lena en cuanto escuchó la voz de Edge.

―¡Lena, qué alegría que vengas a verme!
Overgirl se alejó unos pasos de Lena para darle espacio a Edge, que en cuanto llegó a su lado, la cogió de la cintura y la besó. Lena cerró los ojos con fuerza y pensó en los besos de Sam para sobrellevar el mal trago. Sin embargo, la mujer que estaba imaginando, pronto dejó de ser Sam. Sus cabellos se volvieron rubios, sus ojos, azules… De repente volvía a tener catorce años y volvía a sentir los labios de la Kara de dieciséis. Aquel había sido el beso más puro y sincero de toda su vida, y su recuerdo acudía a ella para salvarla.
Pero de nuevo, aquella imagen empezó a cambiar y ya no besaba a Kara sino a Overgirl, la Kara adulta de veintiocho años, la Kara que había salvado su vida protegiéndola con su cálido cuerpo, la Kara que le preguntó si estaba bien con aparente preocupación, la atlética e imponente Kara adulta. Su respiración se alteró un poco, volvió a la realidad, aturdida. Se separó de Edge y abrió los ojos mirando por encima de su hombro mientras él la abrazaba, ignorante de todo lo que sucedía en su interior.

Su mirada se cruzó con la de Overgirl, que no había dejado de observarla en ningún momento. La expresión de la comandante era especialmente seria, pero no tan fría como en otras ocasiones. Lena habría dado la mitad de su fortuna por saber lo que pasaba por su mente. 
«Me sentí mucho mejor entre tus brazos, Kara», pensó Lena mientras se deshacía del abrazo de Edge forzando una sonrisa.
―Desgraciadamente, ahora tengo una reunión importante con el sargento Coville, pero podemos vernos para cenar ―sugirió Edge.
―Claro, Morgan, esperaré ansiosa esa cena ―contestó Lena.
―Acompañe a mi prometida hasta su coche, comandante ―ordenó, y Overgirl asintió con la cabeza.

Ambas caminaban en completo silencio, aunque se dedicaban miradas de soslayo de vez en cuando. Lena quería romper el hielo, pero lo único que se le ocurría era reprocharle por qué se había colado en sus pensamientos de aquella manera siendo un monstruo asesino como era. La única explicación lógica que pudo encontrar era que no podía evitar sentir atracción sexual hacia Overgirl, porque Kara era una mujer atractiva, y su mente jugaba a otorgarle la bondad y la ternura de la Kara de dieciséis años, de manera que el resultado se volvía…
―Irresistible ―musitó Lena totalmente sobrecogida.
―¿Perdón? ―preguntó Overgirl, que le acababa de abrir la puerta del coche.
―¿Qué? ―susurró con un hilo de voz, mirándola afectada.
Y de nuevo aquella reacción automática. Overgirl apoyó su mano sobre la de Lena, que descansaba sobre la puerta.
―¿Se encuentra bien, señorita Luthor? ―dijo sin pensar. Lena miró sus manos unidas, después buscó sus ojos azules y le dijo la verdad.
―No, no estoy bien… ―Overgirl frunció el ceño.
―¿Quiere que llame a un médico?
La pregunta de Kara la hizo sonreír, se sentía tan patética.
―Un médico no podría ayudarme.

Lo estaba intentando, pero no lo conseguía. Ver a Lena con aquella expresión de profunda tristeza le molestaba más de lo que estaría dispuesta a admitir.
―¿Y yo podría hacer algo por usted? ―dijo Overgirl mientras apretaba suavemente la mano de Lena, que estaba empezando a aturdirse otra vez, perdida en el azul cielo de los ojos de Kara.
«Estrecharme entre tus brazos y llevarme lejos de toda esta pesadilla», gritó Lena en su interior.
―¿Es que no está bien con el capitán Edge? ―inquirió de pronto―, ¿no quiere casarse con él?
―¿Por qué dices algo así?, no hay ningún problema entre nosotros ―declaró con intensidad, como si así pudiera recuperar las fuerzas para salir del absurdo trance en el que había caído por culpa de las estúpidas fantasías de su mente―, sólo estoy preocupada por un asunto de trabajo, nada más.
―Disculpe, no quería molestarla ―señaló Overgirl soltando su mano y echándose hacia atrás. Lena se sintió mal por su exagerada reacción.
―Perdóname, no es culpa tuya ―se sinceró.
«No es culpa tuya que te convirtiesen en una asesina, no es culpa tuya que yo desee a la mujer que eres ahora… no es culpa tuya que mi mente sueñe con lo que pudo haber sido».
Lena bajó la mirada, sentía que las lágrimas estaban empezando a humedecer sus ojos. Kara movió la mano, llevada por el impulso de tocar su rostro, pero Lena impidió aquel contacto sin darse cuenta.
―Adiós, comandante Danvers ―pronunció sin mirarla y se metió en el coche con rapidez―, llévame a casa, James.

Kara contempló el coche mientras se alejaba de ella, sumida en una extraña sensación de impotencia. Todo el poder que poseía no le había servido de nada para aliviar el evidente sufrimiento de Lena. Pero otra cosa la preocupaba todavía más.
«¿Por qué tengo esta necesidad de consolarte?», cerró el puño con fuerza.

Lena apoyó la frente en la ventanilla y dejó ir sus lágrimas, al fin libre de testigos inoportunos. Las cosas se le habían ido de las manos. La sola presencia de Kara la alteraba demasiado y era algo que no podía permitirse si quería seguir siendo espía de la Resistencia. Quería recuperar a Kara, pero no podía perder el control sobre sus sentimientos y sus reacciones de esa forma, o daría algún paso en falso y la descubrirían.

CONTINUARÁ…

27 may. 2018

"Nunca Te Olvidé" (Supercorp) Capítulo 6



CAPÍTULO 6: PROTEGIDA
El rostro de Lena lucía apagado, y mostraba ojeras bajo sus hermosos ojos verdes. Eve no pudo pasarlo por alto durante el desayuno, estaban las dos solas en la cocina de la mansión, y preguntó.
―¿No ha descansado bien, señorita Luthor?
―Me temo que no, Eve… ayer fue un día complicado, dije cosas que… traerán consecuencias.
Eve no insistió, sabía perfectamente que hablaba de asuntos de la Resistencia. Cómo la admiraba. Lena Luthor disponía de todos los lujos y ventajas que se podían desear en el mundo en el que vivían por haber nacido en una de las familias más poderosas del régimen nazi, y sin embargo, se jugaba la vida diariamente por colaborar con los rebeldes. Qué gran corazón y qué valentía la suya. Pero no le sorprendía, aquella joven mujer siempre había sido así, buena y valiente. De no ser por Lena, Eve no seguiría trabajando para los Luthor, de no ser por ella, Eve…

FLASHBACK
—¡¿Qué estás haciendo, Lex?! —exclamó una Lena adolescente al contemplar horrorizada cómo su hermano sujetaba a Eve de la muñeca mientras pretendía abrirle el escote con la otra mano.
—Nada, hermanita, sólo charlaba con Eve, ¿verdad? —dijo mientras la soltaba con una sonrisa malévola en el rostro.
—Sí… —musitó Eve bajando la mirada y arreglándose el vestido.
―Eve, ve a la cocina, tengo que hablar con Lex ―dijo Lena. La chica obedeció asintiendo con la cabeza.
―¿Qué quieres, Lena? ―preguntó Lex con desgana.
―¿Qué demonios ibas a hacerle a Eve? ―lo encaró su hermana―, ¿pretendías abusar de ella?
―¿Abusar?, no digas tonterías, hermanita ―se burló Lex―, las mujeres babean por mí, soy el hijo del embajador estadounidense y heredero de Luthor Corp, Eve sólo se hace la difícil para hacerlo más divertido.
―Eve no quiere nada contigo, déjala en paz ―afirmó Lena con seriedad.
―Parece mentira que no sepas cómo funcionan las cosas.
—Me voy de esta habitación porque no quiero compartir el aire contigo ―Lex se rio y Lena soltó un bufido de indignación. Detestaba profundamente el machismo de su hermano, y de sus padres, porque en realidad toda su familia era machista y fiel seguidora de los decretos del régimen nazi. ¿Por qué había nacido allí y no en una casa sencilla y feliz como la de los Danvers?

Eve Teschmacher tenía sólo seis años más que Lena y siempre había agradecido el buen trato que su señorita le concedía, pero lo que hizo aquella tarde, salvándole del depredador de su hermano, supuse un antes y un después en su relación. Desde entonces, Lena solía estar pendiente de Eve cuando Lex estaba cerca, y hacía lo posible para no dejarlos solos nunca. Eve, por su parte, se esforzaba especialmente cuando tenía que preparar su comida o arreglar su habitación, pero siempre le parecía poco para lo mucho que Lena Luthor hacía por ella, y un día, llegó la oportunidad de devolverle el favor de verdad.

Lena tenía dieciocho años cuando un grupo de personas encapuchadas la atacaron yendo con Eve. Volvían a casa después de dar un paseo por las afueras de Berlín. Los atacantes la cogieron de las muñecas sin ningún cuidado y la obligaron a ponerse de rodillas.
―¿Qué queréis de mí? ―chilló Lena con desesperación.
―¿De ti, señorita ricachona y privilegiada de esta sociedad de mierda…?, se me ocurren varias cosas… ―replicó uno de los tipos mientras le tocaba la barbilla.
Eve, a la que no habían tocado, reaccionó de inmediato al comprender las malas intenciones de aquellas palabras.
—¡No le hagáis daño! —exclamó.
—¿Por qué?, ¿acaso ellos se contienen mucho con nosotros? ―dijo una mujer― Nos tratan como a basura, y son ellos los que no valen nada.
—Lena no es como los demás ―aseguró Eve―, ella siempre me ha tratado bien, me defiende del acoso de su hermano.
A estas alturas, Lena ya había entendido que Eve sabía quiénes eran aquellas personas, incluso ella lo sabía, se trataba de un pequeño grupo de rebeldes con el que Eve, al parecer, tenía relación. Menuda sorpresa acababa de llevarse, hasta entonces, sólo había oído hablar de ellos.
―Os lo ruego, no le hagáis daño, ella no lo merece ―insistió Eve.
―Eve… ―susurró Lena agradecida.
―Yo pediría un buen rescate por ella, y si no pagan, la mataría ―dijo un tipo.
―Estoy de acuerdo ―apoyó una mujer.
―Quiero hablar con los líderes, no podéis hacer esto ―demandó Eve.
La mujer accedió a llamarlos y en un rato, apareció una pareja junto al grupo. La chica observó a la joven Luthor con atención.
―¿Lena? ―preguntó. Lena alzó la cabeza y reconoció a la chica que se acababa de quitar el pasamontañas.
―¿Alex? ―musitó con emoción―, ¿Alex, eres tú?
―¡Soltadla ahora mismo! ―ordenó Alex con voz firme y la obedecieron.
Fue un incidente de lo más productivo. Eve demostró su fidelidad y cariño hacia Lena, sentando las bases de lo que se convertiría en una bonita amistad con el pasar del tiempo. Y Lena se reencontró con Alex Danvers, la hermana mayor de su querida amiga Kara, después de cuatro años de no saber nada de ella. Alex le contó que se había unido a los rebeldes, pero que llevaba una doble vida, como médico de un hospital de Berlín, para poder moverse con libertad por la ciudad, y que Eve colaboraba con ellos cuando podía. Lena se sintió tan feliz de descubrir que había gente opuesta al régimen, aunque tuviera que esconderse. Fue como si su vida de pronto cobrase sentido. Alex trató de disuadirla, pero en vano. Desde aquel día, Lena Luthor formó parte de la Resistencia, como espía, comprometiéndose con su misión de terminar con el régimen nazi que gobernaba el mundo con puño de hierro.
FIN DEL FLASHBACK
XXXXXX



Lena visitó el DEO para informar de las últimas novedades. Su alocada idea los cogió por sorpresa.
―¡Qué locura! ―exclamó Sam―, ¿tú interesada románticamente en Morgan Edge?
―Sé que para ti suena absurdo, porque me conoces… bastante ―dijo Lena sonriendo, mientras Alex y Winn miraban a otro lado―, pero fuera de aquí, todo el mundo cree que soy tan heterosexual como mi familia, y fue lo único que se me ocurrió cuando Overgirl empezó a interrogarme ―añadió torciendo los labios.
―¿Overgirl ya lo sabe? ―dijo Alex.
―Si no le daba una respuesta convincente, habría sospechado demasiado de mí, lo último que nos interesa es que desconfíe, ¿no?
―Yo creo que Lena tiene razón ―señaló Maggie―, hizo lo mejor dadas sus circunstancias.
Alex miró a Maggie, siempre era tan resuelta, viendo el lado práctico y positivo de las cosas. Uno de los motivos que la hacían quererla. Después miró a Lena.
―Es verdad, ¿qué otra cosa podías hacer? ―dijo Alex.
―Gracias ―replicó Lena, que buscó con la mirada a Sam, pero ésta permaneció callada.
―Aunque me repugna la idea como a todos, fue una salida inteligente, Luthor ―declaró Winn―, ¿cómo vamos a enfocar esto a partir de ahora?
―Aprovecharé la cena de mañana para decírselo a él y a mis padres ―dijo Lena―, y supongo que Edge querrá tenerme más cerca, eso me dará nuevas oportunidades de averiguar más información para nosotros.

―Todo eso es muy bonito sobre el papel ―intervino Susan Vasquez―,  pero me parece una pérdida de tiempo. ¿Por qué seguimos esperando? Ya vimos con nuestros propios ojos que un ataque frontal contra los súper soldados no funciona, ¿por qué no intentamos matar a Edge y dejar al ejército nazi sin su líder? Estoy convencida de que eso los desestabilizaría enormemente y nos daría una oportunidad real de vencer.
―No creo que sea la mejor manera ―indicó Alex―, nadie nos asegura que sin Edge, los nazis queden tan desamparados, además seguiríamos sin saber cómo anular lo que fuera que dejó a Sam sin poder.
―Yo tampoco lo veo claro, Vasquez, de momento seguiremos con el plan trazado ―afirmó Winn.
Vasquez los miró con cierto desprecio y abandonó la estancia.

―A mí me encantaría matar a Edge antes de que pueda ponerte un dedo encima... ―musitó Sam cerca del oído de Lena, haciéndola sonreír.
―Hablas de matar y me suena hasta tierno, debo estar muy loca ―confesó Lena.
―Perdona por haber reaccionado así antes, es que no quiero que ese desgraciado ande cerca de ti.
―No tengo nada que perdonarte, sé que te preocupes por mí, Sam.
Lena tomó la mano de Sam y ésta entrelazó sus dedos. «No sabes cuánto, Lena», pensó Sam.
Alex carraspeó haciendo que Sam y Lena se separasen un poco entre sonrisas.
―Yo también quería deciros algo ―Todos la miraron con atención―, mi madre vio el vídeo de Overgirl en las noticias y Overgirl le recordó mucho a Kara, pero ella misma pensó que su deseo de volver a verla con vida le hizo ver de más. Le dije que seguramente se trataba de eso, que Overgirl sólo era una chica que se parecía a Kara, nada más ―Alex tomó aire antes de continuar―. Mi madre ya ha sufrido mucho, no quiero que sufra más, si supiera que Overgirl es Kara, se le partiría el corazón como nos ha pasado a nosotras ―dijo refiriéndose a Lena y a sí misma―, y tampoco quiero generarle falsas esperanzas de recuperarla.
Maggie se acercó a ella y la abrazó por el hombro. A todos les pareció bien su decisión, no querían causar daño gratuito a nadie.
XXXXXX



―Capitán, me gustaría que me destinase a otro lugar, la capital no es para mí.
―¿Cómo? ―preguntó Edge frunciendo el ceño.
―Debe ser que me acostumbré a las campañas en Rusia, me sienta mucho mejor estar en activo en otro tipo de entorno.
―Lo comprendo… ―Overgirl sonrió ligeramente― Pero no es posible, te quiero en Berlín, cerca del emperador, aquí es donde más podemos publicitarte y más efecto causas a día de hoy.
La sonrisa de Overgirl se esfumó.
―De acuerdo ―contestó y salió del despacho.
Su intachable disciplina la obligaba a aceptar las órdenes de su superior, sin importar lo que ella pensase al respecto. A los pocos metros, se cruzó con Mon-El en presencia de Psi, intercambiando con él una mirada más fría de lo habitual. Gayle sintió curiosidad, además celebraba que por una vez, Overgirl no tuviera ese aire de insultante superioridad.
―¿Problemas en el paraíso, comandante? ―preguntó Gayle con claro tono de burla.
―¿Quiere tener problemas conmigo, teniente? ―amenazó Overgirl―, entonces hágame un favor y no me dirija la palabra salvo por motivos profesionales.
Gayle sonrió con satisfacción. No se había equivocado, algo le pasaba a la todopoderosa Overgirl y por dentro, no podía evitar celebrarlo.
XXXXXX



Llegó la noche de la cena en la mansión Luthor y Lena terminó de pintarse los ojos frente a un espejo de su habitación. Eve la contemplaba, retirada unos pasos.
―A partir de esta noche, algunas cosas van a cambiar, Eve…
―¿Qué quiere decir, señorita Luthor? ―preguntó con curiosidad.
―Vas a saberlo muy pronto ―aseguró Lena. Entonces, ambas escucharon el sonido del timbre de la puerta que daba a los jardines de la casa―, ya han llegado, anda, ayúdame a ponerme el collar.

Los dos vehículos oficiales llevaban banderas con la esvástica nazi. Se habían detenido en la puerta más externa, porque Morgan Edge prefería cruzar los jardines delanteros a pie. Lo acompañaba el matrimonio Lord-Sinclair y cuatro soldados, además de Overgirl, que había llegado hasta allí volando y aterrizaba ya dentro de la propiedad de los Luthor. Fueron recibidos por Lionel y Lillian en la puerta de la mansión, y pronto se unieron a ellos Lex y Lena, que bajaron de sus habitaciones. Edge se deshizo en elogios con Lena, y ella le sonrió simulando recibirlos con alegría, la función ya había empezado y tenía un personaje que interpretar. Iba a invitar a Edge a acompañarla a otra sala cuando sus ojos dieron con Overgirl, que caminaba detrás de sus tres invitados, tan imponente como siempre con su uniforme de combate. Los soldados, en cambio, se habían quedado en la puerta de la casa.
―Buenas noches, comandante Danvers ―la saludó. Pero Overgirl detuvo sus pasos en cuanto la vio.
―Buenas noches, señorita Luthor ―dijo, apartando de inmediato la vista de ella y volviéndose hacia Edge―, voy a quedarme fuera para controlar el perímetro.
―Muy bien, comandante ―aceptó Edge.
Lena no pudo evitar acompañarla con la mirada hasta que cruzó el umbral de la puerta. Desde que había tenido aquel momento absurdo de atontamiento por mirar de cerca sus ojos azules, su presencia la alteraba más que antes.
«¿Por qué has mantenido la distancia, Kara?, ¿y por qué me pregunto estas cosas?, tengo que centrarme en Edge», se dijo a sí misma.

Mientras sus padres y Lex charlaban animadamente con el matrimonio, Lena se llevó a Edge a otra estancia, quería hablar a solas con él de algo muy importante. Edge la siguió encantado y lleno de curiosidad.
―Habrás notado que últimamente me acerco más a los eventos militares…
―Sí, eso parece.
―Eso es porque quería estar más cerca de… de ti, Morgan ―añadió tuteándolo y haciendo que la mirase con los ojos como platos. Lena continuó con su representación y caminó hasta él, apoyando una mano sobre la solapa de su chaqueta―, ya no puedo callarlo más, hace tiempo que siento algo muy fuerte por ti ―mintió con un tono de voz profundo mientras le clavaba sus ojos verdes. Morgan tuvo dificultad para tragar.
―¿Es eso cierto… señorita Luthor? ―pronunció por fin.
―Llámame Lena, por favor ―pidió sin apartarse de él.

¿Por qué estaba levitando justo a pocos metros de la ventana de la habitación donde Lena le confesaba sus sentimientos a Edge? No lo sabía, pero allí estaba, escuchando cada palabra y contemplando cada gesto de aquella mujer, gracias a sus sentidos súper desarrollados. ¿Es que acaso necesitaba confirmar que era cierto que se sentía profundamente atraída por el capitán Edge? Todos los elogios que su capitán le había dedicado al saludarla se quedaban cortos. Lena Luthor era endemoniadamente hermosa, y tenía muy buen gusto para los vestidos. La tela negra se ajustaba perfectamente a su cuerpo, mostrando lo suficiente como para que uno desease con urgencia ver más.
«¿Pero qué demonios estoy pensando?», se reprendió, y ascendió rápidamente hacia el cielo oscuro anhelando despejar su mente.

―Perdona, no me he atrevido a decírtelo antes porque… eres el hombre más poderoso del imperio después del emperador, y temía no ser bastante para ti.
Conforme hablaba, sentía más y más asco de lo que implicaban sus palabras, pero si quería agradar a aquel maldito, ponerse por debajo de él era un buen método.
―No sabes las ganas que tenía de escucharte decir eso ―exclamó Edge emocionado, se había tragado el anzuelo por completo―, hace mucho tiempo que me vengo fijando en ti, Lena, seguro que te has dado cuenta.
―Sí, pero… pensé que quizá no ibas en serio, que seguramente te fijabas en muchas mujeres, porque un hombre como tú puede hacerlo, sin duda ―Cómo odiaba dar aquel discurso deplorable tan en contra de sus principios e ideales―, yo no quiero ser una más, Morgan.
Edge rio encantado con los argumentos de la joven Luthor y su pequeño arranque de dignidad, y le aseguró que, aunque había habido otras mujeres, ninguna le había interesado tanto como ella.
―Eres preciosa…
«Mierda, quiere besarme», lamentó Lena. Había acertado, Edge la cogió de los hombros y se inclinó sobre ella. No tenía escapatoria. Así que le devolvió el beso, haciendo de tripas corazón, para asegurarse de que creía en su mentira. Si todo iba bien, las posibilidades de obtener información valiosa aumentarían considerablemente.
XXXXXX



Había ido al “Wired” para divertirse, como muchas otras noches, pero si por una casualidad se encontraba de nuevo con la estudiante noruega y le ofrecía acompañarla hasta su habitación, no le diría que no. Y si le preguntaba directamente a Leslie si la había visto por allí aquella noche tampoco pasaba nada.
―¿Qué tal, Leslie?
―Todo como siempre, Gayle, ¿y tú?
―Vengo a despejarme un poco, ya sabes… ―Leslie se rio―, oye, ¿ha venido Matilda hoy?
―Vaya, vaya, así que te interesas especialmente por una chica ―se burló―, tú que eres de una amante diferente cada noche, porque así todo es más fácil.
―¡Ey!, no te he preguntado para que hagas chistes ―se quejó Gayle. Leslie se volvió a reír.
―Perdona, no, no la he visto por aquí esta noche ―contestó―, voy a servirte una copa que seguro que te quita la pena por no verla.
―Gracias, señorita amabilidad, voy a darme una vuelta por la zona de baile y luego vengo a por la copa.
Leslie la observó adentrarse entre la gente, contoneando su cuerpo al ritmo de la música, y curvó los labios en una sonrisa. A su local acudía gente muy diversa, y todos ellos tenían una cosa en común, llevaban una doble vida. Pero Gayle Marsh se llevaba la palma.

FLASHBACK
―Esta música es un asco, Leslie.
―¡Gracias! ―gritó Leslie desde la barra.
―Creo que voy a salir a tomar el aire.
Pero antes de que cruzase el hueco de la puerta, Gayle percibió la presencia de varios soldados de las SS merodeando por la calle. No tardó en comprender de lo que se trataba. Buscaban locales secretos como el “Wired”, seguramente alentados por algún soplo, y si no hacía algo, lo encontrarían. Regresó sobre sus pasos hasta la barra.
―Leslie, no permitas que nadie salga de aquí hasta que yo te lo diga ―rogó con tal seriedad que Leslie se inquietó mucho.
―¿Por qué?, ¿qué ocurre? ―preguntó desconcertada.
―No puedo explicártelo ahora, por favor, hazme caso, confía en mí ―insistió Gayle.

Después, Gayle salió del local y buscó a los soldados para hacer uso de su rango militar y sus poderes y disuadirlos de seguir buscando por aquella calle. Leslie la siguió y oculta tras una esquina, presenció todo. Después se apresuró a volver al “Wired” y le pidió a Gayle que no se fuera sin hablar con ella. Cuando todos los asistentes se habían marchado, Leslie apagó la música y se dirigió a Gayle sin rodeos.
―¿Quién eres realmente? ―La miraba con ojos inteligentes y Gayle consideró ridículo el mentirle―. Lo vi todo, esos hombres te han obedecido sin más.
―Soy la teniente Marsh de las SS ―admitió sin ningún orgullo.
―¿Eres una militar nazi? ―preguntó Leslie asombrada. Gayle calló ante la evidencia―, podrías habernos delatado desde la puerta sin salir perjudicada, pero nos has salvado la vida a todos… no lo entiendo, ¿por qué has engañado a tus propios compañeros?
―Porque… quiero seguir bebiendo las asquerosas copas que sirves ―señaló con una sonrisa.
―¿Y además de mis copas?, ¿por qué?
Leslie nunca había conocido a un militar nazi que actuase en contra de su propio ejército. Era algo tan insólito y desconcertante que necesitaba una explicación. Y Gayle se la dio. Le contó cómo había sido su reclutamiento, cómo había afectado esto a su familia y en qué situación se había visto ella años después, al terminar su entrenamiento.
―Sólo me queda este sitio para sentirme realmente libre… ―confesó Gayle.
―Supongo que todos necesitamos ser nosotros mismos, aunque sea durante un breve espacio de tiempo ―añadió Leslie.
―Sí.
―Pero mejor no les cuentes estas penurias a las chicas, las espantarás ―bromeó Leslie.
―Qué imbécil ―espetó Gayle sonriendo―. Espero que sepas guardarme el secreto, no quisiera renunciar a esto.
―Tranquila, soy buena guardando secretos.
Leslie había mantenido su palabra, jamás le había contado a nadie la otra vida de Gayle Marsh.
FIN DEL FLASHBACK

―Por cierto, Leslie, quería preguntarte una cosa ―anunció Gayle.
―Ya te he dicho que no he visto a Matilda esta noche ―replicó riendo.
―Mira que resultas pesada a veces… ―farfulló molesta―, quería preguntarte por otra mujer.
―Qué raro viniendo de ti ―bromeó Leslie de nuevo.
―¿Qué sabes de Lena Luthor? ―El gesto de Leslie cambió de inmediato, pero Gayle no se dio cuenta porque Leslie le daba la espalda― ¿Has visto por aquí alguna vez a Lena Luthor?
Del mismo modo que Leslie no había traicionado la confianza de Gayle, tampoco iba a traicionar la de Lena o la de cualquiera de sus compañeros rebeldes.
―¿Lena Luthor aquí?, ¿la hija de los Luthor en mi humilde antro?, no recibo clientela tan selecta, amiga mía.

Gayle la observaba con excesiva atención y Leslie temió que descubriera su mentira. Sin embargo, alguien la sacó del aprieto sin pretenderlo.
―¿Gayle? ―La rubia se volvió hacia aquella voz conocida y sonrió ampliamente al ver a Imra ante sus ojos.
―¡Imra, qué casualidad! ―exclamó Gayle―, ¿Qué tal las clases en la universidad?, ¿quieres una copa?
―Gracias, me encantaría.
―¿Lo de siempre, Matilda? ―ofreció Leslie.
―Sí, gracias, Leslie ―contestó y se sentó en la banqueta junto a la que ocupaba Gayle― Así que volvemos a vernos ―dijo con su suave voz.
―Eso parece, brindemos por ello ―Gayle alzó su copa e Imra hizo lo mismo.
―¿Sigues aburriéndote en tu trabajo de funcionaria?
―Más, mucho más ―bromeó Gayle haciéndola reír―. Pero el día está mejorando considerablemente desde hace unos minutos ―admitió con voz profunda. Imra sonrió y apartó la mirada.
―Sólo espero que no termine como acabó el día en que nos conocimos ―señaló Imra.
―¿Tan mal estuve en tu habitación? ―exclamó Gayle alzando las cejas rubias.
―Me refería a la redada…
―Lo sé ―dijo Gayle, sonriendo con seguridad.
―Sigue por ahí y no sé si volveré a invitarte a acompañarme ―Imra le siguió el juego, cosa que encantó a Gayle.
―Vaya, entonces intentaré ser buena. ―Gayle acarició el meñique de Imra sobre la barra sin apartar sus ojos azules de los verdes de ella.
XXXXXX



Después de hablar a solas con Edge y de cenar todos juntos en el comedor principal, se inició una charla distendida en una de las salas de estar de la mansión Luthor. Pero pronto, Morgan Edge se hizo con la atención de todos dirigiéndose a Lionel Luthor para pedirle la mano de su hija.
―Morgan… ―musitó Lena sin dar crédito.
Estaba medio mentalizada para ser la novia del capitán Edge, pero en absoluto para convertirse en su prometida. Sin embargo, se obligó a sonreír para no levantar sospechas, había demasiado en juego.
Sus padres se mostraron entusiasmados con la petición, y Lex sorprendido, pues aquello ponía fin a todas sus dudas y desconfianzas hacia su hermana. Lionel accedió a concederle la mano de Lena, por supuesto, y su hija se dedicó a fingir una felicidad que en absoluto sentía mientras Edge le cogía la mano y se la llevaba a los labios. Por su parte, Maxwell y Verónica celebraron la noticia.
―Así que, finalmente, serás una de los nuestros ―dijo Verónica con una sonrisa maliciosa―, sabía que acabarías entrando en razón. Verás qué divertido va a ser compartir más tiempo juntas, estoy deseando mostrarte todo lo que hacemos las esposas de los altos cargos.
―Me muero de ganas ―mintió Lena.
«Espero que por lo menos me cuentes cosas que me resulten útiles», pensó.
―Deja a Lena tranquila, que la vas a agobiar antes de que se case y harás que cambie de idea, y no creo que eso le guste mucho al capitán ―bromeó Lord. Todos rieron la broma excepto Eve, que no podía creer lo que veían sus ojos. O Lena se había cansado de colaborar con los rebeldes o estaba mucho más loca de lo que pensaba.

Cuando se dio por finalizada la velada, Edge se reunió con sus hombre y Overgirl al salir de la mansión y les informó de la buena nueva. A partir de entonces, tendrían que tratar a Lena Luthor con especial atención y respeto, dada la nueva posición que ocupaba debido a su compromiso. Lena estaba con ellos, había dicho que quería acompañar a su prometido hasta los coches que lo esperaban fuera de la propiedad Luthor, y no dejó de mirar a Overgirl mientras Edge hablaba. Pero la comandante no parecía mostrar sentimiento alguno ante la noticia. Lena se sintió un poco decepcionada con su indiferencia. Overgirl se preguntaba por qué la joven Luthor parecía tan interesada en conocer su reacción y fueron estos pensamientos los que la distrajeron de su principal misión, controlar el perímetro y asegurarse de que su capitán no corriera ningún riesgo. No pudo anticiparse tanto como habría querido al grito que se escuchó del otro lado de la carretera.
―¡Fuego a discreción sobre ellos! ―gritó una voz femenina, y el sonido de los disparos inundó el ambiente.

Susan Vasquez se cansó de esperar escondida en el DEO. Estaba segura del acierto de su plan y lo iba a llevar a cabo. La cena en la mansión Luthor era la ocasión perfecta, pues al no tratarse de un evento oficial, quizá sólo los acompañarían algunos soldados normales. Y si en la refriega moría Lena Luthor, aliada de la causa, sería un daño colateral. Estaban en guerra, y en la guerra moría gente.

No dudó un instante, y haciendo gala de su increíble velocidad, Overgirl se colocó entre las balas y Lena, para protegerla. Fue todo muy rápido. Rodeó la cintura de Lena con el brazo derecho para apretarla contra su propio cuerpo y cubrió su cabeza con el izquierdo mientras se desplazaba con ella detrás del muro de piedra que cerraba los terrenos de la mansión. Después abrió un poco los brazos y la contempló encogida y temblorosa, con los ojos todavía cerrados. La imagen de su bello rostro la alteró y bajó la mirada sólo para empeorar la situación al dar con su atractivo escote. La respiración entrecortada llegaba a sus oídos silenciando el rugir de las balas, el perfume que llevaba invadía su nariz, y el calor de su cuerpo empezaba a calentarle la piel tras el uniforme. Apretó los dientes con rabia para disipar aquellas sensaciones absurdas que estaba sintiendo y se concentró en lo que estaba pasando.

―¿Está bien, señorita Luthor? ―preguntó por fin. Lena alzó el rostro para mirarla. Estaban muy cerca, demasiado cerca.
―Creo… que sí… ―logró verbalizar Lena perdida en los ojos azules de la comandante. Se sentía agitada por tener el cálido y atlético cuerpo de Overgirl pegado al suyo.
―No se mueva de aquí ―dijo Overgirl con autoridad y se separó de ella sin avisar provocándole un suave suspiro que hizo fruncir un poco el ceño a la comandante.
No tenía que decírselo dos veces. Lena no pensaba moverse, de hecho, no podía moverse. La repentina explosión de disparos y el momento de cercanía inesperada con Kara la tenían completamente sumida en una especie de ensoñación paralizante. ¿Quién los estaba atacando?, ¿Kara acababa de salvarle la vida? Si quería respuestas, no podía quedarse allí escondida tras el muro.

El capitán Edge y el matrimonio Lord-Sinclair estaban temporalmente a salvo, ocultos tras los vehículos blindados, pero tres de los cuatro soldados nazis habían caído tiroteados. Era la ocasión perfecta para que entrase en acción. Lo echaba de menos, y aquella noche, además lo necesitaba. Overgirl necesitaba acallar de alguna manera la irracional atracción que parecía experimentar hacia Lena Luthor, el efecto arrollador que tenía sobre ella cada vez que estaban cerca. Los idiotas que se habían atrevido a atentar contra ellos, saciarían con sus vidas la necesidad que ardía en el cuerpo de la comandante y que sólo el sexo y la sangre podían calmar.

Overgirl no se contuvo, y fue matando uno a uno a todos los rebeldes que encontró a su paso, atravesándolos con el puño, rompiéndoles el cuello o la espina dorsal, seccionándolos con sus rayos infrarrojos… Lena lo veía todo asomada por el muro, y se negaba a aceptar que alguien capaz de ser tan gentil como cuando la había protegido delicadamente con su cuerpo, podía ejercer tal nivel de violencia. Finalmente, Overgirl quedó frente a Susan Vasquez, que gastó hasta la última bala contra ella totalmente en vano. Cada proyectil rebotó sobre su cuerpo sin causarle el más mínimo daño. Overgirl se hartó de juegos y rodeó su cuello con una mano, levantándola del suelo.
―¡Tú fuiste quien dio la orden! ―bramó. A Vasquez le faltaba el aire y no podía hablar.
Era tan extraño, pero la posibilidad de que Lena Luthor hubiera muerto en aquel ataque le molestaba demasiado, y la rabia volvió a crecer dentro de ella. Se elevó en el aire arrastrando a Vasquez, con la intención de soltarla en el vacío y acabar con su vida.
―Casi la matas… ―susurró entre dientes―, pero vas a morir tú.
―¡Basta, Overgirl! ―gritó Edge desde el suelo― ¡La quiero viva para interrogarla!
Lena había reconocido a Susan Vasquez y a sus compañeros, y lamentaba profundamente sus muertes, aunque no olvidaba que habían realizado el ataque sin importarles lo que le pudiera pasar a ella. Aquello no podía haber sido autorizado por Alex y Winn. 

CONTINUARÁ...

29 abr. 2018

"A Better Ending" (Becks x Elyse, de la película "Becks")



A BETTER ENDING
Becks estaba muy dispuesta a recoger a Elyse y marcharse con ella a Nueva York. Llegó un poco antes de lo previsto y detuvo el vehículo a unos metros, cuando advirtió que Elyse no estaba sola. Y allí, sentada en su coche, observando cómo Elyse despedía a Mitch, recordó las palabras de su madre y comprendió al fin que tenía razón. Era una egoísta, una inmadura inconsciente que nunca pensaba en los sentimientos de los demás, ni en lo que pudieran ocasionar sus acciones.

En aquellos momentos, su vida era un completo interrogante. No tenía nada estable, nada cierto, nada claro, ¿qué iba a ofrecerle a Elyse?... Elyse, que estaba dispuesta a dejarlo todo atrás por irse con ella, todo… a su familia, a sus amigas, su enorme y preciosa casa, su hermosa tienda… todo. ¿Y qué iba a ofrecerla ella si ni siquiera sabía dónde iba a dormir en cuanto llegase a Nueva York?

Elyse merecía mucho más que eso, y ella no podía dárselo, todavía no, y no quería arrastrarla con ella a una vida incierta, no podía hacerle eso, la quería demasiado. Pensó en la posibilidad de arrancar el motor y poner rumbo a Nueva York sin más, dejar ir a Elyse, no complicarle más la vida. Incluso empezó a teclear sobre la pantalla de su teléfono para componer un mensaje de despedida. Sin embargo, no fue capaz de hacerlo, no podía marcharse sin despedirse en condiciones, no podía hacerle eso a Elyse ni hacérselo a sí misma. Era curioso cómo había llegado a quererla en tan poco tiempo, pero así eran los sentimientos.

Becks dejó el vehículo y se acercó con paso firme hasta las escaleras donde Elyse la esperaba sentada. La rubia sonrió de inmediato al verla, y Becks le devolvió la sonrisa.
―Tengo todo listo ―afirmó Elyse señalando su bolso de viaje.
―Ya lo veo… ―replicó Becks con voz suave― Elyse, escucha… ―Elyse se inquietó y le clavó sus ojos claros― He estado pensando y creo que lo mejor…
―Te has arrepentido… ―susurró Elyse apartando la mirada con tristeza.
―¿Qué? ―exclamó Becks.
―No quieres que me vaya contigo, ¿verdad? ―preguntó Elyse volviendo a mirarla.
―¡No es así en absoluto! ―exclamó Becks, sintiéndose culpable por haberla herido con sus palabras. Enmarcó su rostro con las manos y le sonrió―, no hay nada que desee más que estar contigo, pero… anoche hablé sin pensar en cómo es mi vida ahora mismo, no tengo nada, Elyse, tendré que pedirle a algún amigo que me deje dormir en su apartamento unos días, hasta que encuentre otra cosa, van a ser días complicados, y… no quiero arrastrarte a eso, no lo mereces.
―Pero… ¿entonces?... ¿lo nuestro termina aquí? ―logró preguntar con los ojos brillantes.
―Sólo si tú quieres… ―dijo Becks sonriendo de medio lado. Elyse sintió alivio― Porque si depende de mí, seré egoísta y te pediré que no me olvides, que me esperes hasta que me valga por mí misma y pueda ofrecerte un hogar que sea sólo nuestro.
―Becks… ―musitó Elyse emocionada. Las lágrimas asomaron en sus hermosos ojos claros.
Se abrazó al cuello de Beck, y ésta la rodeó con sus brazos, apretándola un poco más contra su cuerpo. Iba a echarla tanto de menos el tiempo que estuviesen separadas. Después de unos instantes, Elyse se echó un poco hacia atrás y se perdió en los ojos azules de Becks, que seguía con sus manos en su cintura.
―Date prisa en buscarte la vida en la gran ciudad ―exigió Elyse con cariño―, yo arreglaré la mía aquí, que también tengo asuntos que atender.
―Me parece perfecto ―aseguró Becks sin dejar de sonreír―, lo siento por “Mitch the Bitch”, pero al final gano yo ―bromeó.
―No seas mala… ―exclamó Elyse riendo y dándole un golpecito en el brazo.
―¿Qué?, es el karma ―contestó riendo con ella. Qué hermosas la complicidad y las risas que habían compartido desde que se conocieron.
―Te quiero… ―dijo de pronto Elyse.
Becks se sintió conmovida y se acercó a sus labios para besarla con ternura.
―Yo también te quiero.
Elyse le devolvió el beso y después sonrió desviando ligeramente la mirada,  de aquella manera tan suya, dulce e inocente y jodidamente sexy a la vez. La cautivó con aquel gesto desde el día en que la conoció en la tienda “Fleur de Lis”. 


XXXXXX



Becks caminaba por una calle de Nueva York con gesto relajado, con la guitarra al hombro y la chaqueta negra que Elyse le dio. Habían pasado varios meses desde que se marchó de St. Louis y su vida por fin se había encauzado como deseaba. Y lo había logrado sola, por sí misma. Por una vez en su vida, se sentía realmente orgullosa de sus acciones y decisiones. Estaba abriéndose camino como cantautora en la ciudad y vivía alquilada en un bonito apartamento bien ubicado. 


El repentino sonido de su teléfono móvil la apartó de sus pensamientos. Se lo sacó del bolsillo del pantalón y contestó.
―Hey dude, what’s up? ―preguntó y se echó a reír al instante―, perdona, me sale solo, y en el fondo, sé que te gusta… ―Becks sonrió al escuchar la suave risa de Elyse al otro lado de la línea― ¿a qué hora llegarás?, quiero ir a recogerte… por supuesto que voy a recogerte, tonta… Te quiero.
Becks sonrió a la pantalla, se guardó el móvil y continuó su paseo sin perder la sonrisa de sus labios.

FIN.

15 abr. 2018

"Nunca Te Olvidé" (Supercorp) Capítulo 5


CAPÍTULO 5: MIRADAS
―Señorita Luthor… pase, dese prisa ―susurraba Eve―, su hermano ya se ha levantado pero todavía sigue en sus habitaciones.
―Gracias, Eve ―dijo Lena, tratando de hacer el menor ruido posible mientras se dirigía a las escaleras para subir a la planta de los dormitorios.
Eve inclinó ligeramente la cabeza para despedirla, y después dedicó una sonrisa a James, que se la devolvió antes de volver al vehículo para meterlo en el garaje. Dentro de la casa, ni siquiera podían dirigirse la palabra, porque él era un hombre negro, y era considerado ciudadano de tercera. Lena estaba a punto de alcanzar el pomo de la puerta de su habitación cuando la voz de su hermano la detuvo en seco.
―Hermanita, ¿has madrugado o es que todavía no te has acostado? ―preguntó, conociendo la respuesta.
―Lex… llego ahora, ¿para qué voy a mentir? ―admitió Lena con dignidad, y su hermano rio.

―¿Y con quién has salido?, ¿dónde has ido? ―Ahí estaba el interrogatorio que deseaba evitar y del que no había podido librarse esta vez.
―Con unas amigas, fuimos a los pubs de siempre ―replicó Lena sin mirarlo, tratando de restarle importancia.
―¿Amigas?, espero que sean de nuestra clase, de niña tenías un gusto pésimo a la hora de relacionarte socialmente ―señaló Lex con maldad, haciendo referencia a su amistad con Sam y con Kara. A Lena le dolió.
―Tranquilo, te aseguro que mis amistades actuales no tienen nada que ver con aquellas muchachas ―afirmó. Era cierto, de aquellas Sam y Kara, apenas quedaban los nombres. No, en el caso de Kara ni siquiera eso, ahora se hacía llamar Overgirl.
―Estupendo, pero, de todos modos, no creo que a mamá le haga mucha ilusión que salgas hasta las tantas de la madrugada ―declaró su hermano, todavía no estaba satisfecho.
―Creo que puedo decidir hasta qué hora salir, ya no soy una niña, Lex ―se defendió Lena.
―Por supuesto que no, ya tienes veintiséis años, por eso deberías dejar esos juegos y pensar más en tu futuro.
―¿Qué quieres decir? ―A Lena no le gustó nada el giro que había tomado la conversación.

―Sólo te dedicas a pasar tiempo con Cat Grant y salir algunas noches, y así no encontrarás un buen partido. ¿Es que quieres quedarte solterona?
―¿Qué? ―exclamó Lena. ¿En serio le estaba diciendo aquello?
―El día de mañana, yo heredaré la dirección de “Luthor Corp” y el puesto como embajador de nuestro padre, porque soy hombre, me corresponde ―Lena sintió rabia―, sin un marido, ¿qué será de ti?, ya sabes que las mujeres solas no son muy bien vistas en el círculo aristócrata de Berlín, salvo que sean viudas, y tú, hermanita, ni siquiera has empezado a buscar marido.
―Así que por eso mamá está tan insistente últimamente con que os acompañe a todas las cenas en palacio. ―Lena se sentía asqueada.
―Mamá se preocupa por ti, y yo también ―aseguró Lex con una sonrisa ladina.
―Seguro… ―musitó Lena sin que Lex la oyera― Estoy cansada, Lex, quiero dormir, ya hablaremos más tarde.
Cerró la puerta de su habitación y suspiró apoyándose en ella. Tendría que pensar en algo para mantener a raya a su madre y a su hermano con el asunto del matrimonio, lo último que necesitaba era complicar aún más su vida y perjudicar su labor como espía de la Resistencia. Maldijo al régimen, a la sociedad en la que vivía, a los nazis, y a sí misma por no tener más poder y poner a cada uno en el lugar que realmente merecía.
XXXXXX



Imra abrió los ojos lentamente y se desperezó estirando los brazos. Sus labios tenían dibujada una sonrisa, había dormido de maravilla después de muchas noches malas. Entonces pegó un brinco y se incorporó de golpe en la cama. Acababa de recordar que no había llegado sola a su habitación. Miró en todas direcciones, pero no había rastro de Gayle. ¿La visita al “Wired”, la redada nazi y la noche de buen sexo con la misteriosa Gayle habían sido sólo un sueño? Se metió en el baño y contempló su rostro en el espejo. Todavía tenía los labios un poco inflamados por los besos compartidos. Todo había sido muy real.

Se acercó al rincón donde tenía una pequeña cocina y al buscar leche en la nevera lo vio. Era un papel pequeño, sujeto a la puerta del electrodoméstico con un imán.
“Gracias, Matilda, por una noche tan intensa. Mi aburrido trabajo me reclama, que tengas buen día. Gayle.”
Imra sonrió por segunda vez aquella mañana, y de nuevo se lo debía a la misma persona. Se preguntó si volvería a coincidir con ella alguna noche, le gustaba la posibilidad.
XXXXXX



―Buenos días, teniente ―saludó cuadrándose un soldado de las SS cuando vio a Gayle.
―Buenos días, soldado, ¿qué tenemos para hoy? ―preguntó con voz alegre.
―Parece contenta ―comentó el soldado.
―Pasé una muy buena noche, Philipp ―admitió Gayle con una sonrisa. En condiciones normales, no habría comentado nada, pero conocía a Philipp desde hacía varios años y no pudo callarse lo bien que le había sentado acostarse con aquella estudiante noruega―. ¿A quiénes han traído los furgones que había en la entrada?
―Detenidos de una redada que Overgirl dirigió anoche.
La realidad siempre acababa imponiéndose. Su encuentro con Imra no había sido lo único sucedido la noche anterior. Prefería los días en que sólo tenía que convertirse en la sombra del emperador, pero aquel no era uno de esos días.

Cuando alguien era detenido por las SS, pasaba a ser interrogado, y para ello, se empleaban dos tipos de métodos, los físicos, ejercidos por soldados normales o incluso Mon-El, cuando tenían prisa, y los mentales, que eran cosa suya, haciendo uso de sus poderes. Gayle era capaz de manipular las mentes de los demás, jugar con sus miedos hasta someterlos y convertirlos en criaturas indefensas, y eso era algo muy útil cuando deseaban obtener información. No le emocionaban nada los interrogatorios, pero prefería eso a tener que agredirlos físicamente.

Tras un par de horas, llegaron a la conclusión de que los detenidos no pertenecían a la Resistencia. Aunque el capitán Edge no perdió la esperanza de que alguno de los que quedaban por interrogar lo fuera, entre treinta personas, no podían tener tan mala suerte de no haber atrapado a ningún rebelde.
―¿Qué hacemos con estos indeseables? ―preguntó el sargento Thomas Coville, responsable del campo de concentración de Berlín.
―¿Te vas a pelear con mi esposa por ellos? ―bromeó Lord con diversión.
Los pobres desgraciados que tenían la mala suerte de ser detenidos sólo tenían dos posibles destinos, el campo de concentración de Berlín, desde donde Lord podía cogerlos cuando gustase para llevar a cabo sus retorcidos experimentos, o los juegos de Roulette, donde serían obligados a pelear sin ninguna esperanza contra soldados nazis.
―Dejemos que la teniente Marsh decida su destino ―resolvió Edge―, ya que ella ha sido quien los ha interrogado.
Gayle no recibió la idea con mucho entusiasmo. Una cosa era torturarlos mentalmente para hacerlos hablar y otra muy distinta decidir en manos de quién iban a morir.
―Gracias, capitán, pero, como ha dicho, yo ya los he interrogado, le cedo el honor de decidir esto a otra persona ―dijo Gayle manteniendo la compostura.
―¿Los interrogatorios la han agotado, teniente? ―preguntó Overgirl con maldad―, yo decidiré, si no, estaremos aquí hasta mañana ―añadió, y por una vez, Gayle agradeció la crueldad de Overgirl.
XXXXXX



Alex estaba en un descanso de su turno en el hospital. Había salido a un balcón para tomar el aire y aprovechar para llamar a Maggie por teléfono, los besos que habían compartido la noche anterior la tenían en una nube.
―No te rías, pero… te echo de menos ―confesó Alex.
―Si sólo hace unas horas que nos hemos visto ―dijo Maggie sin dejar de sonreír.
―¿Y qué?, quiero volver a besarte ya… ―susurró Alex para que los compañeros del hospital que también estaban en aquel balcón no la escuchasen. Sonrió al oír la risa de Maggie.
―Yo también quiero volver a besarte, Danvers, y hacer mucho más que eso… ―añadió Maggie. Pero no obtuvo respuesta de Alex. Frunció el ceño, ¿la había incomodado?― ¿Alex?, ¿estás ahí?

Alex todavía sostenía el teléfono, pero la voz de Maggie no llegaba a su cerebro, pues toda su atención la tenía el vídeo que estaba emitiendo el régimen en la enorme pantalla que había cerca del hospital, y en todas las que había en las calles de la ciudad. Kara, su hermana perdida doce años atrás, hablaba en tono neutro, presentando a los detenidos de la redada que habían sido interrogados aquella mañana, enunciando sus crímenes contra el imperio y sus condenas. Todo lo que le había dicho Lena no había bastado para prepararla para algo así. Sin duda, era Kara, aunque convertida en una mujer adulta. Sin embargo, el uniforme que llevaba, el símbolo de las SS en su pecho, y la frialdad con que narraba el espantoso destino de los detenidos le provocaron el llanto.
―Alex… ¿estás llorando?, ¿qué ocurre? ―preguntó Maggie con preocupación.
―Kara… está saliendo en las pantallas… ―balbuceó Alex.
Maggie corrió hasta la sala central del DEO, donde Sam, Winn y otros rebeldes estaban siguiendo el mismo mensaje mediante cámaras que tenían ocultas en algunas calles berlinesas.
―¿Se encuentra bien, doctora Danvers? ―preguntó un enfermero sobresaltándola.
―¿Eh?, sí, sí ―se apresuró a contestar y limpiarse las lágrimas―, es sólo que me acaban de dar una mala noticia por teléfono ―mintió.

Alex y los rebeldes del DEO no eran los únicos que seguían el vídeo de Overgirl. Lena lo hacía desde la calle, detuvo su camino hacia la redacción de CatCo en cuanto escuchó la voz de Kara inundar el ambiente. Cat Grant seguía la retransmisión desde su despacho. Todos estaban horrorizados con la absoluta falta de empatía de Kara, convertida en Overgirl. La joven Luthor pospuso su visita a Cat y acudió al DEO lo más rápido que pudo.
―Esto no puede seguir así, tenemos que actuar, cada día que pasa, más gente es exterminada ―exclamó Lena.
―Lo sabemos, Luthor, pero no es tan fácil ―afirmó Winn.
―Si pudiéramos descubrir lo que me robó mis poderes y desactivarlo ―sugirió Sam.
―Ése es el objetivo prioritario, si logramos anularlo, podrás enfrentarte a ellos con todo tu poder ―dijo Lena.

―Hemos estado hablando al respecto ―informó Winn―, y no vemos otra opción, alguien tiene que acercarse todo lo posible a Edge, Lord y Roulette y obtener esa información sin levantar demasiadas sospechas.
―Y ese alguien soy yo ―declaró Lena.
―Sólo si tú estás de acuerdo, nadie va a obligarte, Lena, sabemos que es muy peligroso ―dijo Sam.
―Eres nuestra mejor opción, Luthor ―admitió Winn―, estamos en tus manos, pero puedes tomarte un tiempo para pensarlo, entiendo que…
―No tengo nada que pensar ―exclamó interrumpiéndolo―, lo haré… ―Los presentes la miraron con admiración― ¿Dónde está Alex?
―Está en su habitación, no se encuentra muy bien ―aclaró Maggie con gesto triste.
―Supongo que ver a Kara con sus propios ojos fue mucho peor que escucharlo de mis labios ―lamentó Lena―. Todavía no me he rendido con ella «nunca lo haré», la traeré de vuelta.
―Si ves que tienes oportunidad, adelante, Luthor ―afirmó Winn―, tener a Overgirl de nuestro lado sería sinónimo de victoria, nos volveríamos imparables.

Cuando se dio por concluida la reunión, Lena se acercó a Sam, que había estado callada desde que habían mencionado a Overgirl.
―Sam, ¿qué pasa? ―preguntó Lena con voz suave. Sam la miró con seriedad.
—No me hace gracia que seas tú la que tenga que acercarse tanto a esos desgraciados, pero sé que eres la única que lo puede hacer sin levantar sospechas, y lo acepto, pero lo de Overgirl… pensaba que lo habías dejado estar.
―No puedo dejarlo estar, Sam, mira cómo se ha puesto Alex, y cómo se pondrá su madre cuando vea el maldito vídeo en las noticias de esta noche y reconozca a su hija en él.
―Yo también echo mucho de menos a mi amiga Kara, pero… ahora es Overgirl, la mujer que exterminó a los rebeldes rusos, que condena a muerte a inocentes y no le tiembla la voz por ello, ¿quién me asegura que estarás a salvo si llega a sospechar de ti, Lena?

—Overgirl es… es Kara, no me hará daño —dije tratando de tranquilizarla.
—Desengáñate, Lena —exclamó Sam de pronto—, ya no es nuestra Kara, no es la muchachita amable y alegre que conocimos en nuestra niñez, ahora es un monstruo al servicio del régimen. ¿No recuerdas que tardé meses en volver a ser un poco yo misma?, y las pesadillas me duraron años… ―manifestó Sam con aprensión.
―Lo sé, Sam, pero…
―Ya viste que no te recuerda, yo casi pierdo la razón y Kara ha pasado con ellos ocho años más, quizá sea ya imposible que vuelva a ser la de antes.
―Tú tampoco eres la de antes ―dijo Lena mientras posaba su mano sobre la mejilla de Sam con dulzura―, pero estás aquí, con nosotros… conmigo, y Kara merece la misma oportunidad.
Sam cogió la mano de Lena y la estrechó con calidez, obligándose a sonreír.
―Prométeme que tendrás cuidado, tengo miedo de que te descubran… ―dijo Sam―, no sé qué haría si te pasara algo malo, Lena.
La joven Luthor se abrazó a Sam con fuerza.
XXXXXX



Decidida a cumplir su misión como espía de la Resistencia, Lena se presentó en las principales dependencias militares de la ciudad, donde sabía que encontraría a Morgan Edge y Maxwell Lord. Los soldados de la entrada la dejaron pasar en cuanto comunicó quién era y a quién buscaba. La invitaron a esperar en un pasillo, pero Lena no esperó demasiado, en cuanto perdió de visto al tipo que la había acompañado hasta allí, recorrió el pasillo y cruzó una puerta que daba a una zona más restringida. Con un poco de suerte, daría con los despachos de los militares de mayor rango y escucharía conversaciones de interés. Y si alguien la descubría allí, siempre podía decir que se había perdido buscando el despacho del capitán Edge, ¿por qué iban a dudar de la respetable hija de Lionel Luthor?

Sin embargo, el pasillo en el que se había adentrado, no era precisamente de despachos. De pronto, se abrió una puerta y dos soldados la cruzaron llevando medio arrastras a un hombre con el rostro descompuesto. Psi los seguía de cerca y no perdió detalle de la reacción del hombre cuando vio a Lena.
―Ella… ella estaba… estaba allí… ―pronunció con dificultad mientras trataba de señalarla con el dedo índice. Lena se horrorizó, aquel hombre la había reconocido del “Wired”.
«Mierda…», pensó. En ninguno de los escenarios que había contemplado aparecía un tipo delatándola.
Gayle vio un destello de temor en la hermosa mirada de la joven Luthor, distinguía muy bien el miedo en los ojos de las personas, porque ella misma lo había infligido durante años. ¿Acaso Lena Luthor frecuentaba locales como ése igual que hacía ella? Sentía tanta intriga por lo sucedido que no pudo hacer otra cosa que darle margen.
―Sacadlo ya de mi vista, el muy desgraciado está delirando ―ordenó con firmeza.
―Sí, mi teniente. ―Los soldados obedecieron y se alejaron de allí. Lena respiró aliviada.

―Buenos días, señorita Luthor, volvemos a vernos ―saludó Gayle con cordialidad.
―Teniente Marsh… ―correspondió Lena.
―¿A qué debemos el placer de su presencia? ―preguntó Gayle con una sonrisa tranquila.
―Vine a ver al capitán Edge y al doctor Lord ―aseguró en tono neutro.
Gayle se sintió tentada de acercarse hasta la joven y rozar su brazo para poder leer sus pensamientos en aquel instante, pero se contuvo, sus poderes no eran precisamente sutiles cuando los ponía en práctica, Lena lo habría notado y no habría sabido contestar al por qué lo había hecho. A fin de cuentas, por mucho que fuese teniente de las SS, no tenía derecho a tomarse tales confianzas con la hija de los Luthor, aquella familia estaba en lo más alto de la sociedad berlinesa. Pero no quería quedarse con las manos vacías, así que recurrió a las palabras.

―Qué curioso, el tipo al que se han llevado mis hombres parecía reconocerla de la otra noche… ―Lena se tensó un instante, pero normalizó su gesto de inmediato. Tarde, Gayle lo notó, estaba demasiado acostumbrada a estudiar las reacciones de las personas― Pero eso es absurdo, porque a ese tipo lo cazaron en el “Wired”, uno de esos antros repletos de degenerados y rebeldes. ¿Qué haría una Luthor en un agujero como ése?
Su voz sonó extrañamente divertida y la inquietud de Lena aumentó exponencialmente.
Pero no tuvo demasiado tiempo de preocuparse sobre aquella posibilidad, pues de otra habitación salieron varios soldados arrastrando a un par de hombres más. Tras ellos, Edge y Lord conversaban animadamente, y Overgirl y Mon-El los seguían en silencio.
―De acuerdo, Max, estos son tuyos, trátalos con cariño ―se burló Edge, haciendo referencia al funesto destino que les esperaba en las instalaciones de Lord Technologies.
―Gracias, capitán ―replicó Lord sonriendo.

Cuando repararon en ella, Lena se sintió como una niña pequeña perdida en medio del bosque y rodeada de lobos hambrientos. Tenía delante al mandamás del ejército nazi, al científico carnicero y a los tres soldados más poderosos del imperio, parecía la peor de sus pesadillas. Si Psi comunicaba sus sospechas, comenzaría el infierno, pero Psi dejó el tema, sólo le sonrió y se retiró unos pasos, dejándole el camino libre a Edge. Quizá la suerte no la había abandonado del todo.
―Señorita Luthor, qué sorpresa, ¿qué hace aquí? ―preguntó Edge con su sonrisa exagerada, tratando de resultarle amable.
―Espero que no haya venido a verme otra vez ―dijo repentinamente Overgirl―, no tengo tiempo para esas tonterías.
―No se preocupe, comandante Danvers ―Lena hizo especial énfasis en las últimas palabras―, no vine a verla a usted.

Lena invitó a Edge y al matrimonio Lord-Sinclair a una cena en la mansión Luthor, materializando así la coartada que había preparado para justificar su presencia allí. Edge se mostró encantado con la invitación y quiso que alguien la acompañase hasta su casa, para demostrarle que era un caballero y le importaba su bienestar.
―Puedo acompañarla yo ―se ofreció Psi. No era lo que más le apetecía a Lena, tras lo acontecido un rato antes.
―Lo siento, teniente, usted tiene que regresar a palacio cuanto antes, el emperador va a salir y la necesita con él ―informó Edge.
«Maldita sea, me quedaré con las ganas de sonsacarla», se dijo a sí misma Gayle mientras sonreía falsamente a su capitán.
―Comandante Danvers, acompañará a la señorita Luthor ―ordenó Edge.
―Entendido ―contestó Overgirl. No tenía ningunas ganas de hacer de niñera, pero debía obediencia a su superior.
Lena no esperaba volver a estar a solas con Kara tan pronto, quería aprovechar la ocasión, pero no sabía qué decir o qué hacer, no había tenido tiempo de pensar en ello. Ambas caminaban en silencio por la calle, buscando el coche de los Luthor en el que James esperaba a su señorita.

No llevaban ni cinco minutos andando cuando un hombre de aspecto un poco desaliñado increpó a Lena.
―¡La mismísima Lena Luthor! ―exclamó―, ¿estás enterada de lo que hace tu familia con los trabajadores de “Luthor Corp”?
―¿Perdón? ―Lena detuvo sus pasos y prestó atención al hombre.
―¡Me han despedido por faltar una sola vez al trabajo, porque mi madre había muerto!
―¿Qué? ―Lena no sabía nada de ese hombre, ni de lo que le estaba reprochando.
―¡Eres igual que tu hermano y tu padre, te importa un bledo la gente que trabaja para vosotros! ―gritó haciendo aspavientos con los brazos.
Cada vez se acercaba más a ella. Lena empezó a sentirse incómoda por las acusaciones del hombre y sus formas. Intentó disculparse y seguir caminando pero el tipo la cogió del brazo para obligarla a seguir escuchando sus palabras.

Sin embargo, no habló más. Overgirl lo tenía sujeto por la muñeca, completamente inmovilizado, presionando lo suficiente como para causarle mucho dolor y paralizar sus movimientos, pero sin llegar a romperle los huesos.
―Si vuelves a tocarla, te arrancaré el brazo ―aseguró sin titubeos―. Ahora discúlpate con la señorita ―ordenó Overgirl.
―Lo… lo siento… ―balbuceó él.
―¿Qué más? ―insistió Overgirl con satisfacción mientras Lena contemplaba atónita.
―Lo siento… señorita… Luthor…
―Así me gusta, que sepas dirigirte correctamente a la gente que está por encima de ti ―añadió al tiempo que lo liberaba de su agarre.
El hombre se alejó de allí apresuradamente y muerto de miedo, tropezó un par de veces antes de perderse al girar una esquina. Overgirl reía.

―No hacía falta que hicieras algo así, ese hombre sólo quería hablar conmigo de su complicada situación, era lógico que estuviese exaltado, ha perdido su trabajo ―exclamó Lena con una mezcla de miedo y decepción.
―Se tomó demasiadas confianzas… hay que mostrarle a esta chusma dónde está su lugar ―declaró Overgirl sin atisbo de compasión en su voz.
Lena se quedó helada. Sam tenía razón, aquella ya no era su Kara.
―Eso es justo lo que habría dicho Lex ―dijo Lena con inmensa tristeza.
―Recuerdo que en la cena de palacio su hermano dijo que a usted no le interesaba nada la jerarquía existente, que tenía ideas… un tanto revolucionarias.
―Lex es un exagerado, estoy muy agradecida de haber nacido Luthor, y me gusta la posición que ocupa mi familia en Alemania ―Lena trató de disimular, pero Overgirl continuó.
―No lo dudo, pero es curioso que de pronto se interese tanto por el mundo militar. Quiso hablar conmigo el día de la inauguración, hoy viene a invitar al capitán y al doctor Lord…

La mente de Lena funcionaba a cien por hora, buscando una respuesta válida que la sacara de aquel aprieto. Primero Psi y ahora Overgirl. Kara no sólo había dejado de ser la muchacha encantadora y dulce de antaño, sino que se había convertido en un astuto perro de presa que estaba empezando a olfatear un rastro de sangre. Y dio con la solución, una loca y arriesgada solución de la que más pronto que tarde se arrepentiría, pero no tenía otra salida.
―Hay un motivo por el que últimamente muestro más interés, y supongo que es absurdo pretender ocultarlo ―Overgirl estrechó los ojos, prestándole toda su atención―. Me siento profundamente atraída por…
―¿Por? ―la instó a continuar, clavándole sus ojos del color del cielo.
Sin querer, Lena se sumergió en su mirada azul, perdiendo la noción de la realidad, del tiempo… igual que cuando se miraron después de su primer beso.
«Por ti», pensó Lena inconscientemente, hasta que logró reaccionar y fue capaz de decir lo que le convenía decir.
―Por el capitán Edge.
―¿En serio? ―replicó Overgirl sorprendida. Y Lena no lo pudo evitar.
―¿Por quién si no?, ¿por ti?
Sus rostros estaban muy cerca, Overgirl miraba los ojos verdes de Lena, eran realmente hermosos, y una sensación de extraña familiaridad se apoderó de ella, como si no fuera la primera vez que tenía aquellos ojos tan cerca, pero eso no tenía ningún sentido. Parpadeó y regresó a la realidad.
―¡Claro que no, eso sería una aberración! ―exclamó, alejándose de ella un par de pasos.

Ninguna habló durante el viaje en coche hasta la mansión Luthor. Lena no podía parar de culparse por haber perdido el norte ante su cercanía.
«La tenía tan cerca que no he visto más allá de su mirada, como si hubiese viajado al pasado, pero esos tiempos no volverán, tengo que centrarme en el presente, joder, y bromear con Overgirl no ha sido buena idea, es homófoba como el resto de nazis», se reprendió Lena.
Por su parte, Overgirl no dejaba de darle vueltas a la rara sensación que había experimentado.
«¿Qué me ha pasado?, ¿qué ha sido eso que he sentido?», se peguntaba con desasosiego.
XXXXXX



Cuando Overgirl llegó a sus habitaciones, encontró allí a Mon-El con el torso al descubierto. Lo había mandado llamar estando de camino de vuelta, no quería perder tiempo, segura de que un polvo le quitaría las tonterías. Se movía sobre él, con los ojos cerrados, no necesitaba mirarlo ni le aportaba nada hacerlo, y su mente le trajo unas palabras.
“Me siento profundamente atraída por… ¿por quién si no?, ¿por ti?”
Alterada, abrió los ojos rápidamente, buscando el rostro de Mon-El.
―¿Estás bien? ―preguntó él extrañado por su comportamiento.
―Cállate ―exigió Overgirl mientras cerraba de nuevo los ojos y volvía a moverse sobre él. 

Pero cerrar los ojos no la salvó de ver la perturbadora imagen que su mente generó en décimas de segundo. Se veía a sí misma montando a alguien, pero cuando buscó su rostro, no era el de Mon-El, sino el de Lena Luthor, con aquellos hermosos ojos verdes y unos apetecibles labios rojos. Overgirl se detuvo, abrió los ojos y se apartó de Mon-El.
―¿Qué te pasa? ―insistió él―, nunca paras antes de tu orgasmo.
―Vístete y lárgate ―replicó Overgirl sin mirarlo.
―¿Estás segura de que quieres que me vaya?, si necesitas un descanso puedo esperar ―se ofreció.
―¿Qué parte de “vístete y lárgate” no has entendido, estúpido?, ya no me apetece el polvo, quiero estar sola.
―De acuerdo, pero no vuelvas a llamarme si no lo tienes claro ―la desafió.
―Y tú no vuelvas a hablarme así nunca ―lo amenazó con una mirada cargada de rabia que lo hizo arrepentirse de sus palabras.
―Lo siento, no quería… ―Mon-El trató de disculparse, lo último que deseaba era tener problemas con la persona más poderosa del mundo.
―Fuera de mi vista ―concluyó Overgirl. Mon-El se apresuró en recoger sus cosas y salir de la habitación.

«¿Qué demonios ha sido eso?, ¿a qué vino ese pensamiento tan retorcido y abominable?», se increpaba en su interior.
Intentaba calmarse, pero no lo conseguía. Echar un polvo con Mon-El, lejos de una solución, parecía haber echado más leña al fuego. No entendía nada. Nunca había tenido ese tipo de pensamientos, sabía que dos personas del mismo sexo no podían ser amantes, era algo repugnante y sin sentido. ¿Por qué le estaba pasando aquello?, ¿por qué la mirada de Lena Luthor la había alterado de esa manera?

Rogó que no volviera a pasarle nunca más. Si sucedía, no sabría qué hacer, ni a quién acudir. Siempre había despreciado a los homosexuales, porque era lo correcto, lo que le habían enseñado. No podía sentir deseo hacia una mujer, simplemente, eso no podía ser. Después de refrescarse la cara, se sentó en el borde de su cama y abrió el primer cajón de la mesita. Cogió algo y se tumbó de lado sosteniéndolo con una mano. Era una pluma de acabado sencillo pero elegante. Siempre que se sentía decaída o nerviosa, la sostenía entre sus dedos y recuperaba la calma. Deseaba que aquella noche sucediera lo mismo. Así que respiró hondo varias veces mientras observaba con detenimiento su superficie negra y brillante y las dos letras grabadas en color plateado, dos pequeñas eles. Quizá su regreso a Berlín no le había sentado bien, hablaría con el capitán Edge para que la destinase lejos de allí.

CONTINUARÁ…

1 abr. 2018

"Nunca Te Olvidé" (Supercorp) Capítulo 4


CAPÍTULO 4: AMANTES
Había empezado a llover. Overgirl alzó el rostro hacia el cielo negro, se elevó unos metros sobre el suelo y se quitó la máscara, quería sentir el agua sobre su piel. Cerró los ojos con expresión calmada mientras llegaban a sus oídos gritos, golpes, disparos… que provenían del local, del enfrentamiento entre la gente que se había visto sorprendida y sus hombres. Nada parecía afectarla, permanecía imperturbable bajo la lluvia, disfrutando del momento. 

―¡Vamos, Lena, por aquí! ―exclamó Sam sin soltarle el brazo.
Afortunadamente, sabía dónde estaba la salida de emergencia y a dónde conducía, unas calles más atrás. Alex, Maggie y algunas personas más las seguían.
―Joder, alguien nos ha delatado ―maldijo Alex, pendiente en todo momento de Maggie.

Imra seguía paralizada sin saber qué hacer, era demasiado peligroso utilizar sus poderes. Gayle acabó con sus dudas, haciendo uso de los suyos propios, amparada por aquel caos, de manera que nadie llegó a percatarse de cómo su poder mental le permitió jugar con los miedos de un par de soldados para que no las atrapasen.
―¡Ven conmigo! ―le dijo a Imra tendiéndole la mano. La morena sonrió agradecida por la valiente actuación de la rubia desconocida.

Una vez en la calle, a salvo del campo de visión de los soldados nazis, el pequeño grupo tomaba aire tras su carrera por conservar la libertad.
―¿Estás bien, Lena? ―preguntó Sam con preocupación.
―Sí, estoy bien, ¿y los demás? ―se volvió para mirar, pero no había más de quince personas allí.
―Me temo que han atrapado a la mayoría ―se lamentó Maggie.
―¿Qué pasará con ellos? ―dijo Lena.
―Serán juzgados por el tribunal de Berlín.
―Y condenados, siempre son condenados ―añadió Sam con rabia.
―La mayoría serán deportados al campo de concentración y supongo que algunos acabarán formando parte de los juegos de Roulette.
―Esa maldita sádica… ―escupió Lena con indignación.

A unos pocos metros de ellas, una pareja les daba la espalda, sumida en su propia situación.
―Imra.
―¿Qué? ―inquirió Gayle sin comprender.
―Mi nombre es Imra ―afirmó la chica―, te debo la vida, te has ganado el derecho a saberlo ―añadió con una sonrisa que contagió a Gayle.
―Yo me llamo Gayle ―Le tomó la mano y se la llevó a los labios, besándola con suavidad. No dejaba de mirarla con sus grandes ojos azules, e Imra no dejaba de sonreír―, es mejor que nos larguemos de aquí cuanto antes, no es seguro.
―Tienes razón ―admitió Imra, volviendo a la realidad.
―¿Dónde vives?, me gustaría acompañarte.
―Tengo una habitación alquilada en el centro, pero no hace falta que me acompañes, Gayle.
Era verdad, se sentía capaz de llegar sana y salva por sí misma, no era precisamente una damisela en apuros, aunque le gustaba la forma en que Gayle parecía preocuparse por ella. Sin embargo, escuchar su nombre de sus labios había terminado de animar a Gayle a acompañarla.
―Insisto, por favor, déjame acompañarte… no me quedaré tranquila hasta que estés a salvo en tu habitación… Imra ―pronunció su nombre con un tono profundo que de pronto la afectó, ¿o se sentía distinta al mirarla por cómo la lluvia estaba mojando sus cabellos rubios? 
―De acuerdo.

Lena y las demás también se alejaban del lugar, pero de pronto, la joven Luthor detuvo sus pasos tras una esquina. Algo en su interior le gritaba que Kara estaba muy cerca. Se asomó y la vio. Era una hermosa imagen, Overgirl levitaba en el aire, recibiendo la lluvia en el rostro, en una aparente calma total. Pero lo que acontecía a sus pies era demasiado horrible. Los soldados nazis sacaban a los detenidos a la calle, dejándolos maniatados y de rodillas ante ella.
―¿Qué estás haciendo, Lena?, tenemos que irnos ―susurró Sam a su espalda.
Lena se sobresaltó, emitiendo un gemido imperceptible para un humano a esa distancia, pero demasiado evidente para alguien como Overgirl. La comandante abrió los ojos repentinamente, había escuchado su gemido perfectamente, pero cuando miró en su dirección, incluso con rayos x, Lena ya no estaba allí. Sam había sido más rápida  y la había apartado a tiempo de evitar ser descubiertas.  Overgirl no se molestó en buscar el origen del sonido que había llegado a sus oídos, dio por cumplida su misión de la noche con la detención de más de treinta personas a las que esperaban horas de interrogatorios y un futuro nada alentador.
XXXXXX



―Pues aquí es donde vivo ―anunció Imra en la puerta de su habitación.
―Entonces, misión cumplida ―replicó Gayle sonriendo.
―¿No quieres pasar? ―preguntó Imra sin titubeos―, y tomarnos la última copa que esos indeseables nos estropearon.
―Me encantaría ―admitió Gayle con expresión decidida.
Hacía tiempo que no sentía aquella atracción por nadie, y desde que había llegado al siglo XXI se había sentido tan sola… ¿por qué no?
―La verdad es que sólo tengo agua para beber ―confesó Imra sin remordimiento.
―La verdad es que no he entrado por esa última copa ―contestó Gayle contemplándola con tanto deseo que ninguna necesitó decir nada más.
Se besaron con las ganas que había acumulado durante toda la noche en el “Wired”, y que habían aumentado después en su paseo nocturno hasta la habitación. Se arrancaron la ropa mojada sin miramientos y se echaron sobre la cama en medio de una batalla de labios, lenguas, manos y piernas…  ¿Qué daño podía hacerles un poco de sexo?
XXXXXX



―No es la primera redada que sufro, pero nunca termino de acostumbrarme ―dijo Alex con pesar.
―¿Cómo se acostumbra una a estas cosas tan espantosas? ―replicó Maggie con el mismo pesar.
―Leslie me ha mandado un mensaje al móvil ―informó Alex―, me alegra que esté bien.
―A mí también, es una mujer muy valiente, le debemos mucho ―indicó Maggie con sinceridad.
―¿Sabes?... ―Alex caminaba por la estancia dándole la espalda―, esta noche tuve miedo, no quiero que te pase nada malo, Maggie.
De pronto, Alex sintió cómo los dedos de Maggie se enlazaban con los suyos, y se volvió buscando su rostro. Le sonreía con aquellos hoyuelos irresistibles.
―Cuando te conocí… supe que serías alguien importante para mí ―confesó Maggie―, y no sólo porque me salvaste la vida hace unos meses.

FLASHBACK
La joven policía de tráfico Maggie Sawyer corría con desesperación por las calles de Berlín, huyendo de unos soldados nazis que cada vez la seguían más de cerca. Aquella mañana se había levantado como todos los días, se había duchado, había desayunado y había acudido a su puesto de trabajo. Pero tres soldados de las SS la estaban esperando con una orden de detención. Al parecer, una de sus mejores amigas y además compañera de trabajo, la había traicionado acusándola de lesbiana, destruyendo por completo su vida en sólo unos instantes.

¿Cómo pudo hacerle algo así la persona en la que más confiaba?, por eso le había contado su secreto, porque quería que su gran amiga la conociera de verdad, porque estaba segura de que la aceptaría y no la perjudicaría jamás. Maggie había aprendido, de la peor de las maneras, que en aquel mundo, no podías confiar en nadie.

Empezaba a sentir el cansancio en las piernas, y la herida de bala del brazo no ayudaba nada en su huida. Escuchaba a los soldados pisándole los talones. Era sólo cuestión de minutos que la atrapasen y entonces, su vida se habría terminado. ¿Por qué tuvo que contarlo?, ¿por qué no pudo seguir viviendo su lesbianismo en absoluto secreto? Se rio de su mala suerte, las piernas le fallaron, y se dio de bruces contra el suelo.
«Se acabó», se dijo a sí misma.
―Al fin paras de correr, joder ―exclamó uno de los soldados.
―Esta perra nos ha hecho sudar la gota gorda ―dijo otro de los soldados.
―Preferiría sudar con ella de otra manera ―amenazó el tercero.
Maggie cerró los ojos, ¿es que también le robarían su dignidad antes de quitarle la vida?, ¿es que en el mundo sólo había gente vil?

―¿Pensáis llevárosla así? ―sonó una voz de mujer.
Los soldados se volvieron hacia ella, Maggie abrió sus ojos oscuros y también la miró. Era una chica joven, de pelo caoba corto, y vestía bata de médico. No era tan extraño, estaban en las inmediaciones de un hospital.
―Desde luego, ha sido acusada de lesbianismo, ha de ser juzgada ―informó uno de los soldados.
―Dudo que llegue viva al interrogatorio en ese estado ―dijo la sanitaria desconocida. Los soldados se miraron entre ellos y volvieron a mirarla a ella.
―¿Quién es usted?
―Soy la doctora Danvers, trabajo aquí ―señaló el edificio que había detrás de ella.
―¿Y qué nos sugiere, doctora Danvers? ―preguntó el soldado que parecía estar a cargo de los otros dos.
―Esta mujer puede conocer información importante, pero si no se le trata esa fea herida, dudo mucho que puedan interrogarla en condiciones, ¿van a desperdiciar la oportunidad?

Los soldados accedieron a que la atendiera dentro del hospital, esperando en un pasillo. Maggie miraba a la doctora con total desconfianza. Había pospuesto su detención por unos minutos y estaba curando su herida, pero el resultado sería parecido, porque la entregaría a los nazis igualmente.
―¿Cómo te llamas?
―¿Y a usted qué le importa, doctora? ―replicó Maggie con desdén.
―Está bien, entiendo que estés así ―admitió la doctora―, pero al menos escúchame, no tenemos mucho tiempo.
Maggie fruncía el ceño mientras la desconocida empezó a explicarle cómo podía salir del hospital sin ser vista, y que debía adentrarse en el bosque en las afueras de Berlín y buscar a los rebeldes.
―Pregunta por Winn, dile que vas de parte de Alex Danvers.
―No entiendo nada, ¿me está ayudando a escapar de los nazis? ―exclamó Maggie totalmente desconcertada.
―Eso es justo lo que intento, si me dejas ―dijo Alex con una sonrisa.

Maggie no estaba segura de nada. La última vez que había confiado en alguien le había costado muy caro. ¿Y si era una trampa?, ¿pero qué otra cosa podía hacer?, fuera de aquella consulta le esperaban tres tipos detestables con ansias de hacerle daño. Miró los ojos marrones de Alex y sintió que le decía la verdad. Haría caso a su instinto.
―No sé por qué haces esto, pero gracias.
―Ya nos veremos, ahora márchate ―indicó Alex. Maggie se bajó de la camilla de un impulso, corrió hasta la puerta trasera de la consulta y le dedicó una última mirada a Alex, y una sonrisa que la doctora le devolvió.
Pudo haberse enfrentado a los tres soldados y vencerlos para liberarla, Alex estaba sobradamente entrenada para eso. Pero una acción violenta como ésa la habría delatado, malogrando su tapadera como médica alemana. Debía cuidar su doble vida, tal como hacía Lena Luthor. Pero no pudo quedarse impasible viendo cómo apresaban a una chica por ser lesbiana. Ahora sólo tenía que fingir delante de los soldados que la detenida había logrado escapar del hospital.

La jugada les salió bien. Maggie pudo reunirse con los rebeldes en el bosque, y Winn la recibió con los brazos abiertos por venir de parte de su buena amiga Alex Danvers, a la que volvió a ver dos días después cuando se presentó en el DEO. Fue entonces cuando se dieron sus nombres y comenzó una sincera amistad que se fue reforzando con el pasar de los meses.
FIN DEL FLASHBACK

―Me has devuelto la confianza en las personas, Alex ―musitó Maggie.
―¿De nada? ―dijo Alex entre sonrisas tontas. Se estaba poniendo nerviosa, Maggie se había acercado mucho a ella.
―Quiero besarte, Alex Danvers…
Alex suspiró extasiada y terminó con la distancia entre sus labios, fundiéndose con Maggie en un intenso beso.
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―Gracias por protegerme esta noche, Sam ―dijo Lena cerrando la puerta de la habitación de Sam dentro del DEO―, por sacarme del local y por… apartarme de Overgirl ―añadió en un susurro.
―Ya sabes lo importante que eres «para mí» para todos ―afirmó Sam mientras se quitaba la chaqueta empapada―, siempre te voy a proteger.
―Lo sé ―replicó Lena abrazándose a su cálido cuerpo.
Sam se cambió la ropa mojada y se puso una camiseta de tirantes y unos pantalones de deporte. Lena se dio una ducha rápida y salió del baño con un albornoz sobre el cuerpo. Se acercó a Sam, que todavía tenía el pelo mojado, y empezó a secárselo con una toalla pequeña. Sam llevó su mano hasta la frente de Lena y le apartó un mechón de cabello negro. Se miraban en silencio, los ojos, los labios…
―Quédate esta noche, Lena.
La joven Luthor le sonrió y abrió su albornoz lentamente. Sam recorrió su cuerpo desnudo con la mirada, sintiendo el deseo correr por sus venas. Posó sus manos sobre la cintura de Lena, y empezó a recorrer su espalda, acercándola a su cuerpo. Después de unos besos en los labios, Sam dedicó sus atenciones al cuello níveo de Lena, alterando su respiración.
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Los interrogatorios comenzarían al día siguiente, así que el trabajo de Overgirl había terminado. Pero eran aún las dos de la mañana y no tenía sueño. Mandó llamar a Mon-El a sus habitaciones y éste no tardó en presentarse allí.
―¿Qué necesitas de mí?
―Lo mismo que la otra noche, quítate la ropa ―ordenó Overgirl con voz neutra.
Mon-El no se negó, porque la comandante Danvers era su superior, y porque había disfrutado su anterior encuentro. Overgirl se subió encima de él y lo montó. Cuando él trató de alcanzar sus pechos con las manos, Overgirl lo detuvo, colocándolas en su cintura de nuevo, dejándole muy claro que era ella la que mandaba. Después de su orgasmo, Overgirl se tumbó a su lado en la cama, sonriendo satisfecha por haber descargado la energía que no había podido utilizar contra los detenidos de la redada. Mon-El se inclinó sobre ella y trató de besarla en la boca. Ella lo sujetó del cuello y lo empujó fuera de la cama sin ningún esfuerzo.

―No seas estúpido, nunca seremos más que esto ―sentenció Overgirl.
―Hay quien opina que deberíamos estar juntos, que seríamos la pareja perfecta ―argumentó Mon-El.
―¿Tú también opinas eso? ―preguntó molesta.
―Pues sí.
―¿Es el efecto de la capital?, ¿os ablanda? ―preguntó Overgirl con tono burlón― Si quieres jugar a las parejitas felices, prueba con la teniente Marsh ―sugirió con sorna―, a mí no me interesa.
―Tarde o temprano querrán que nos reproduzcamos ―aseguró Mon-El.
―¿Y qué?, para eso no hace falta ni que follemos ―declaró Overgirl―, ¿es que acaso quieres pedirme matrimonio? ―exclamó entre risas.
―Por supuesto que no ―se defendió Mon-El.
―Mejor, y ahora vete, quiero dormir y eso me gusta hacerlo sola.
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Lena se despertó desnuda bajo las sábanas. A su lado, Sam dormía todavía, también desnuda. La miró con cariño y besó su hombro. Después salió de la cama con cuidado para no despertarla. Eran las cinco de la mañana y debía volver a su casa cuanto antes. James había recibido su mensaje y ya la estaba esperando con el coche. Se vistió haciendo el menor ruido posible y miró a Sam una vez más antes de dejar la habitación.

Seguía lloviendo, aunque con menor intensidad. Lena veía cómo el agua golpeaba la ventanilla y la imagen de Overgirl flotando en el cielo regresó a su mente. Entonces cerró los ojos con fuerza y apretó los dientes. Kara había dirigido la redada.
―¿Una noche difícil?
James sabía más de lo que dejaba ver con sus palabras, y sentía aprecio sincero hacia Lena, conocía la ayuda que siempre le había prestado a Eve, pero deseaba con todas sus fuerzas que ninguna de las dos se siguiera relacionando con la Resistencia, que no pusieran sus vidas en riesgo.
―Algo así ―Lena contestó escuetamente, sabía que a James le bastaba.
Entonces buscó en su bolso y abrió una pequeña carpeta que contenía varias hojas dobladas por la mitad. Rozó el texto manuscrito con las yemas de sus dedos y sonrió sin darse cuenta, era el regalo que Kara le había hecho por su catorce cumpleaños. Lo llevaba siempre con ella. No podía aceptar que estuviese todo perdido, que la verdadera Kara… su Kara, hubiera desaparecido para siempre.
«Voy a hacer todo lo posible para recuperarte y acabar con los desalmados que te han convertido en un monstruo, Kara, te lo prometo.»

CONTINUARÁ...